La cara y la cruz (1-0 en Son Moix)
La cara de la moneda le sonrió al Mallorca en la primera parte en la que Maffeo ganó la acción a Akieme en un balón bombeado que, rebotado en la cabeza de Chumi, cayó en la del lateral para batir a Fernando. Muriqi, a pase de Grenier, malogró la segunda aproximación local a la meta visitante al enviar su remate, solo, a las nubes. El vía crucis llegaría tras el descanso cuando el Almería, cicatero antes, desplegó velas sin inquietar apenas a la nutrida defensa del vencedor.
ALINEACIONES:
R.Mallorca.- Rajkovic (1), Maffeo (3), Valjent (2), Raillo (1), Copete (1), J.Costa (1), Galarreta (1), A.Sánchez (2), Grenier (1), Kang-in Lee (1) y Muriqi (1).
En el minuto 58 Dani Rodríguez (1) reemplazó a A.Sánchez. En el 67, Baba (1) a Grenier y en el 82, Abdón (-) a Galarreta y Angel (-) a Muriqi.
C.D.Almería.- Fernando (1), Pozo (0), Chumi (0), Ely (1), Babic (0), Akieme (0), S.Costa (1), Robertone (1), Ramazani (0), Lázaro (1) y Touré (0).
Después del intermedio Puigmal (1) por Pozo. A los 62 minutos Melero (1) por Lázaro, a los 71 Sousa (0) por Touré y Portillo (1) por Robertone. En el 84, Embarba (-) por Chumi.
ARBITRO:
Martínez Munuera (2) del Comité de Valencia. Repartió las faltas, 14-14, pero no las tarjetas. Fueron amonestados Ramazani, Robertone, Chumi y Ely, del Almería y J.Costa, Galarreta y Kang-in Lee del Mallorca. Apenas cometió algún mínimo error de apreciación.
GOL:
Minuto 24, centro desde la izquierda, Chumi mete la testa pero el balón sale hacia atrás y Maffeo se adelanta a Akieme para cabecear desde cerca y hacia abajo. 1-0
12.687 espectadores
Las cámaras y los locutores soslayaron la protesta del público que en el minuto 14 dieron la espalda al terreno de juego como protesta por el horario de los partidos.
NO ES FUTBOL, ES LA LIGA
Decía Alfredo Di Stéfano que la mejor defensa es un buen ataque. Hoy día el fútbol funciona de otra manera y muchos entrenadores parecen creer que el mejor ataque es una buena defensa.
Igual que hiciera el Girona, como hace el Mallorca cada semana, el Almería también se plantó en Palma con cinco defensas. El balance, matices al marge, arrojó un gol y una ocasión a favor de la teoría de Javier Aguirre y una oportunidad, una sola, deperdiciada por Ramazani al comienzo de la segunda parte, para los de Rubi. Y es que ya no se dirime una disputa entre dos antagonistas, sino que cada equipo juega contra si mismo y se articula como un antídoto para su propia debilidad en lugar de hacerlo para aprovechar las del adversario.
La diferencia entre ambos contendientes sobre el remozado Son Moix estribaba casi exclusivamente en los movimientos de sus respectivos laterales. Mientras Maffeo, sobre todo, y Jaume Costa adoptaban posiciones más adelantadas para erigirse en los extremos que su plantilla no tiene y su sistema no contempla, Pozo y Akieme se limitaban a esperar la llegada de los primeros, con pasillo libre hasta el vértice del área. Una vez allí se acaban las ideas y los recursos: a buscar la altura de Muriqi o los escarceos de Kang-in Lee.
El apocado plan de los andaluces tuvo que cambiar a raíz del gol encajado en medio de una zaga numerosa pero muchas veces mal ubicada. Entró Puigmal como un carrilero más polivalente, pero el detalle a tener en cuenta es que Rubi no quitó uno de los centrales para introducir un atacante hasta el minuto 84. Y eso que, con Rajkovic ya sorteado, Ramazani falló lo más fácil, servir a un compañero para que marcara a puerta vacía. Johan Cruyjff repetía que los más díficil que hay en el fútbol es hacer lo más fácil.
Una segunda mitad de sopor y llamada a la siesta que transcurría entre el empuje lento y desordenado de un visitante con poco cuerpo y ninguna alma, ante el repliegue local que exigía máximo esfuerzo en pos de una victoria mínima. Todas, eso si, valen tres puntos. Nada que objetar. O si.