La diana equivocada
Alguien que coincidió en una comida con Jagoba Arrasate lo definió como un hombre «normal», lo que a día de hoy no es decir poco. En alguna de sus ruedas de prensa ha callado todo o casi todo, apoyado en su discreción y en la escasa enjundia de las preguntas. Le intentaron engañar a punto de firmar su contrato y lo han hecho después al planificar una plantilla distinta a la que, estructuralmente, le prometieron. Ahora espera «un mercado de verano bueno». Los confiados van al infierno.
La afición que arremete contra los jugadores y elabora virtualmente su propia lista de altas, bajas y necesidades, erra sus tiros. Los mismos futbolistas que han firmado una segunda vuelta de descenso, hicieron una primera de lujo. Larin, el denostado, fue elevado a los altares después de su partido en Getafe o Valladolid. Maffeo, santo de una devoción que no comparto, ha sido lateral inamovible ante un voluntarioso Morey que ahora Pablo Ortells, culpable número dos del desastre, quiere renovar seguramente con su equivocado sistema habitual: mucho tiempo y poco dinero. Una práctica que se volverá contra él si no lo ha hecho ya. Ningún profesional juega mal a conciencia más allá de que, ocasionalmente, sea traicionado por su vehemencia al adoptar actitudes improcedentes.
Los seguidores del equipo, porque el club los va perdiendo día tras día, dirigen su ira al terreno de juego. Diana equivocada. Podemos elucubrar cuanto queramos acerca de las características de unos y de otros, pero cuando el río suena agua lleva y si símbolos como Manolo Reina y Salva Sevilla, nada dudosos, se fueron echando pestes y ahora los jóvenes del filial y los veteranos de arriba se quieren marchar o se quejan constantemente, es por síntomas más que evidentes del estado de sus relaciones con el dúo Díaz-Ortells, ejecutivos de medio pelo con salarios de Wall Street.
Recurramos a las pruebas. La más reciente, la excedencia concedida a Albert Salas, antiguo director de comunicación, que le ha permitido exigir su regreso a un cargo inventado que sobrecarga la nómina de personal con una función indeterminada e inocua a efectos prácticos. Una más del CEO vilipendiado por el mallorquinismo y ascendido por el presidente extrarradio, Andy Kohlberg, al olimpo de otro dios menor: Maheta Molango. Ortells, por cierto, tampoco mejora a Javier Recio.

