La feria del Mundial
Hará una semana que pasó uno de los tres jueves del calendario que relucen más que el sol. La FIFA no lo calculó bien al señalar la fecha del comienzo del Mundial, que no es lo mismo que «la» mundial, quizás porque lo único que brilla son los nueve mil millones de euros que se van a embolsar sin que lleguemos a saber quiénes son ellos y a qué dedican el tiempo libre como se preguntaba José Luis Perales.
Antes la cita en cuestión servía para presentar nuevos conceptos, sistemas de juego, dibujos significativos en cuanto marcaban la evolución del propio fútbol. Así pasábamos de la viaja W-M, ni más ni menos que un 3-4-3, al 4-3-3, luego al 4-4-2, el 5-3-2, el 4-1-4-1 o el más habitual en estos momentos el 4-3-2-1. Pero ya nadie se preocupa de esto a partir de que el negocio haya ganado la guerra al deporte.
Mientras la institución que pasó de Sir Stanley Rous, al brasileño Joao Havelange y después a Joseph Blatter y Gianni Infantino, se entretiene en aportar nuevas reglas que empeoran todavía más el ya de por si devaluado espectáculo, había técnicos estudiosos que optaron por mejorar la preparación física, la psicología aplicada al fútbol profesional y otros ensayos en contraposición al imperio de los agentes, siempre favorecidos en cada una de las decisiones que van desde dos ventanas anuales de mercado, un sobrecragado calendario de competiciones cada vez con más participantes para exponer su mercancía. La siguiente derrota institucional se la infrigirán los fondos de inversión que avanzan sin parar en el control de las SAD a lo largo y ancho de todo el orbe.
El mercado se paraliza, lo que al director deportivo del Mallorca, Pablo Ortells, le trae sin cuidado. Los clubs aprovechan para buscar el dinero que no tienen. La feria se abre con un apasionante Mexico-Sudáfrica, sin comparación con el Ghana-Panamá del día 18 a la una de la madrugada o un Jordania-Argelia para los dispuestos a desayunar a las cinco antes de irse al «after». Si han pensado en apagar la tele y viajar para ver la verbena en directo, son 500 dólares sin acompañante, ni hotel, traslados o vuelo, nada incluído. ¡Feliz verano!
