La Liga son los clubs

Quienes leen este blog saben cuánto tiempo hace que hemos denunciado el totalitarismo de la Liga de Fútbol Profesional. Que Javier Tebas se quite la careta y recuerde en la COPE que la asociación que preside controla «el canal» y el periodista o medio que no siga el manual  se va a la calle, quedó escrito en estas mismas líneas meses atrás. Como se le llame a eso es lo de menos, lo más importante es que las grandes cadenas de radio empezaron tragando con el pago por la transmisión de partidos a cambio de unas cabinas, prehistórias y sucias en bastantes casos, igual que los periódicos en la asignación limitada de pupitres, de fotógrafos, por no hablar de ruedas de prensa sin preguntas ni libre elección de protagonistas, además de otras razones. Se bajaron los pantalones y ya no hay quien se los suba. Ahora que no se escandalicen.

Pero los clubs son cómplices directos de la trama que cercena sin rubor los derechos de información y libre expresión. Más aun, practican similares modos de censura. Unos a pecho descubierto y otros usando la noticia como moneda de intercambio. Por no salir de nuestro ámbito, que pregunten en Son Moix por el «castigo» aplicado a la redacción deportiva de un diario de Mallorca por haber enviado, «sin permiso», una redactora a la concentración de pretemporada en Austria. ¡Boicot al canto! y si acaso luego lo hablamos y recomponemos la amistad.

Si la Liga hace lo que hace es porque sus asociados, los clubs, quieren. Saben de sobra cómo se programan los horarios, incluidos los de las dos de la tarde, los viernes y los lunes por la noche. Y también aquí nos hemos cansado de ilustrar a quienes desean leer y escuchar acerca del desprecio que los aficionados, clientes, provocan en sus proveedores, vendedores o, más exactamente, cobradores. Las asambleas deberían estar para algo, además de poner la mano para servir a una televisión que ha cedido «el control» o suscribir hipotecas millonarias a devolver en tropecientos años para que la gente sea crea que el fútbol está saneado.

Salir a estas alturas con que no te han hecho caso, -Alfonsito, Alfonsete, Alfonsín-, no se puede tomar más que como una pataleta a destiempo, por muchas lipotimias o golpes de calor que se justifiquen. Si acaso envía algunas copias a Japón con una disculpa.