La reforma arbitral
El Comité de Competición suaviza las sanciones a los jugadores del Real Madrid hasta donde puede y le dejan, una forma de alinearse con la campaña antiarbitral que no ha cesado con su capítulo más reciente y se mantiene bajo el fuego de la televisión del club presidido por Florentino Pérez.
Los árbitros escuchan pocas voces amigas y esperan impacientes esta reforma que anuncia el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán que, pese a los meses que ya lleva en el cargo aun no ha explicado cómo se conjuga el reglamento con aquello de que «hay que proteger al Real Madrid y el Barça porque son la marca España».
De momento lo único que ha trascendido es la idea de que los árbitros de campo no puedan actuar en el VAR, lo cual no implica que no lo hayan sido. La amenaza en toda regla de que aquellos descendidos o retirados pasen a la cabina. Elijamos susto o muerte.
En cambio no hemos escuchado nada sobre la transparencia de sus puntuaciones y, en concreto, de la que debería alumbrar el sistema de ascensos y descensos o el nombramiento de losm internacionales. Tampoco de la inscripción en determinados comités territoriales con el truco de un cambio de residencia o la perversión de las normas que regulan la intervención del VAR nacidas para enmendar equivocaciones manifiestas del colegiado y no para revisar gol por gol o veintisiete tomas en el área y seis minutos o más con el fin de determinar si una mano estaba apoyada en el suelo o, no se lo pierdan, «iba cayendo para hacerlo». Por no entrar en esos pisotones en el centro del campo que un televidente convierte en expulsión y otro se cree capacitado para apreciar la intensidad de la acción.
La función de todo árbitro consiste en preservar las reglas del juego e imponer su respeto y aplicación, algo muy complicado si ellos mismos desconocen las que rigen su propia labor.
Ya ni entramos en las designaciones. Si el Real Madrid, para cualquier modesto sería imposible, ha solicitado públicamente el cambio del trencilla nombrado para la final de Copa cuando ya se había hecho público, ¿qué no sucede durante todo el campeonato jornada tras jornada sin que lo sepamos?. Mejor regresar años atrás cuando cada club tenía derecho a recusar a cinco colegiados, sería más injusto pero mucho más transparente.
Pero no habrá revolución. Un nuevo presidente del CTA y un simple lavado de cara para hacernos creer que va a ser distinto lo que siempre es igual.

