La Selección como ejemplo

A 25 jugadores por plantilla, descontamos los que juegan con números de sus filiales, los equipos de primera división suman 500 licencias de las cuales solamente 283 pertenecen a futbolistas españoles. No nos referimos a comunitarios, sudamericanos hijos de padres españoles, o nacionalizados procedentes de otros países. Sentada esta premisa y si tenemos en cuenta a porteros suplentes o nativos no alineados habitualmente, concluiremos que la mitad aproximada de los profesionales de primera división son extranjeros.

El Real Madrid, ejemplo paradigmático de enseña nacional, solamente mantiene en nómina a media docena de españoles y no todos titulares ni mucho menos. El Barça, como rival y oponente máximo, dispone de 14. La clasificación y el juego desarrollado por unos y otros habla por si mismo, aunque la comparación no encierra la intencionalidad del debate.

Lo que queremos poner sobre la mesa es la contradicción entre los resultados de los clubs, plagados de fichas extranjeras,  y los de la Selección Española que arrasa en Europa y apunta al Mundial en ciernes, vale, con Lamine Yamal, Nico Williams y Huijssen, las excepciones que confirman la regla.

El producto español viene del norte. Entre el País Vasco, Osasuna, Celta, Oviedo y Alavés, acumulan 111 fichas españolas y, generalmente, no les va tan mal. En el extremo opuesto se encuentran los dos grandes de Madrid y el vigente campeón de liga, cuya trayectoria reciente en las competiciones europeas con 6, 8 y 14 peninsulares respectivamente difiere del ofrecido por la Roja de Luis de la Fuente. Véase también la apurada situación económica y social del Sevilla, un clásico, con 17 futbolistas de más allá de nuestras fronteras.

A partir de los presentes datos, salvo errores u omisiones, que cada cual saque sus propias opiniones. La mía es que, en medio de la evidentemente grave situación económica de los clubs y sociedades anónimas deportivas que integran la Liga de Fútbol Profesional, no se justifica ni se explica tanta mirada puesta en mercados ajenos ante el abandono del propio.