La televisión no es infalible

Quiero creer que nadie sospecha de faltar a la imparcialidad más allá de las simpatías o sentimientos que pueda albergar hacia los destinatarios de mis opiniones, sean colectivos o individuos. También empatizo con los más débiles y por ello defiendo a los árbitros de fútbol lo que implica mayor dureza con los peores, precisamente porque perjudican a toda su clase.

Sin entrar a valorar las quejas demasiado habituales en los perdedores, incluso y especialmente los más grandes, tratará de ponerme en la piel de Ricardo De Burgos Bengoetxea a quien los seguidores del Espanyol y el propio club consideran culpable de su derrota en Son Moix el pasado domingo. No valoraré su decisión de conceder el primer tanto del Mallorca desde la cómoda posición que supone juzgar a través de una pantalla o una imagen fija. En cambio he escuchado con atención la conversación que mantiene con José Antonio López Toca, designado en cabina VOR, mientras se reproduce el lance en la que intervienen Samu y Urko.

Me parece importante significar que el colegiado vasco, que se encontraba a apenas a un metro de la jugada, pregunte por dos veces «es que puede ser la dinámica, yo no veo que le de una patada», «Yo ahí no sé si es la dinámica de la acción. ¿Estás seguro que le pega patada?». «Chicos, yo no lo veo, puede ser dinámica, yo no veo que le golpee». Para mi la clave es, en efecto, la dinámica. El jugador local empieza a ejecutar el disparo sin ver siquiera al visitante que llega desde atrás y mete la pierna en el preciso instante en que Samu va a conectar con el balón sin posibilidad de ver a su oponente y sin otra intención que patear la pelota. Lo fácil hubiera sido, como hacen casi todos, ratificar la sentencia de la televisión: a sus órdenes, señor, ¡si señor!.

Nos encontramos una vez más sin que los, ahora especialistas de VAR, todos ex árbitros, hayan entendido la regla básica: solo intervenir en jugadas claras y esta, evidentemente, no lo es. No merece la pena enumerar las ocasiones en que un equipo u otro ha salido perjudicado o beneficiado. Igual que recomendé al nuevo entrenador del Mallorca insistir en la revisión de los agujeros de su defensa sin acogerse a la expulsión de Virgili en Pamplona, el técnico del Espanyol haría bien en reflexionar sobre la causa de no obtener una sola victoria en tres meses, en lugar de buscarla en errores, o no, ajenos.

En otro orden de cosas,  los tres puntos atesorados no puede ni deben ocultar que los brotes verdes que emanaron del césped de El Sadar, parecían mustios una semana después. Pero de eso ya hablaremos mañana.