La Tercera disfrazada de Segunda RFEF

La pueden llamar como quieran, Segunda RFEF o el olimpo de los dioses, pero no por ello dejará de ser lo que es: la tercera división de toda la vida. Aun así y una vez que el Mallorca B ascienda mañana a costa del modesto equipo asturiano de L’Entregu, se quedará una categoría muy balear que dotará del dudoso, pero no exento, interés de la rivalidad entre el C.D.Andratx, el Atlético Baleares, la S.D. Eivissa, la Penya de la isla Pyitiusa y el filial bermellón.

La meritocracia de cada uno serpentea a distintos niveles sobre el cuadro de coordenadas entre posibilidades y presupuestos. Opciones y obligaciones si se prefiere. La resistencia de los andritxols entre rivales de capitales importantes y clubs de mayor abolengo no solo es digna de estudio, sino también de admiración. Ya les gustaría a los de la Via de Cintura haber tenido en sus filas a alguno de los futbolistas que han militado o militan en Sa Plana, prueba de lo cual es que están en ello. Muy tarde se han dado cuenta.

La U.D. Ibiza de Amadeo Salvo, el aspirante en declive a la propiedad y presidencia del Valencia, no ha logrado eclipsar el enraizado fervor ibicenco por su club de siempre, el otro, el que nace de la Sociedad y no de una iniciativa unipersonal. El proyecto celeste se detuvo en el descenso después de su efímero paso por el fútbol profesional y no se halla en trance de despegue por muchos entrenadores que pasen o hayan pasado por la guillotina del empresario en cuestión.

Son Bibiloni está para otra cosa. La cosecha es escasa, casi inexistente, porque falta arado, siembra, cuidado y regadío. La semilla, autóctona o de importación, se marchita a poco de dar fruto. Hay mucho agrónomo de despacho y pocos jardineros de lomo, tractor y podadora. Tal vez en un terreno menos árido que el de una regional disfrazada, florezca más y mejor. Está para formar y no para ganar, falsa realidad porque sin victorias no hay formación. Entre otras cuestiones más trascendentes aunque ahora no vengan al caso.