La última pachanga del verano

El recien disputado Mundial 26 no solo ha servido para desenmascarar a Gianni Infantino en su intento de vivir aun con más holgura del cuento de presidir la FIFA, sino que, en otro orden de cosas, ha puesto de manifiesto el pobre protagonismo del arbitraje español a nivel internacional aunque la friolera de diez árbitros de Primera luzcan la escarapela.

El Comité de Arbitros designó a un joven que acaba de subir a segunda división, Romero Freixas, para dirigir a un equipo alemán que acaba de ascender a la primera categoría de la Bundesliga. Probablemente no lo sabían, de ahí el nombramiento. Los jugadores del Mallorca y el público en general, pudieron comprobar que si los de Primera son malos, que se preparen para sufrir a los de Segunda.

Los novatos son más peligrosos que un mono con pistolas, como decía Gregorio Manzano del tristemente famoso Rafa Guerrero. A los 12 minutos el novel colegiado tarraconense ya  había echado mano a la cartuchera para exhibir orgullosamente una tarjeta roja a Soumohoro, el defensa central rojillo, por una acción de amarilla e incluso sin cartulina en una pachanga estival. Obligó a los de Luis García Fernández a jugar con uno menos hasta que, después del descanso, compensó su idiotez para igualar las fuerzas de los contendientes que, conscientes del carácter del encuentro, se habían propuesto no hacerse daño. Será de todo menos gracioso asistir a la aplicación de las nuevas normas reglamentarias a cargo del «brazo armado de la Federación», definición acuñada por Mateu Alemany cuando aspiraba a sustituir a Angel Villar al frente de la Española.

Les cuento esta historia porque no hay nada más que contar. Ni lo del miércoles, ni lo de este sábado permiten extraer la menor conclusión. «Y si no sirve, se justificaba el gran Joancho Forneris, para qué vamos a escribir». Fue en otros tiempos y distintas circunstancias.