Las pretemporadas eran otra cosa
Las pretemporadas se pusieron de moda hace más de 30 años, bastantes más, para huir del calor, entrenar tres veces al día sin soportar las altas temperaturas del «ferragosto» porque entonces la liga arrancaba en septiembre. Las plantillas estaban prácticamente cerradas y se programaban no menos de dos o tres partidos semanales al margen de los que, al regreso de dichas concentraciones, cada equipo se había comprometido en sus respectivos torneos veraniegos que, salvo excepciones, también han desaparecido en su mayoría, han reducido sus jornadas o la calidad de sus participantes.
La sobrecraga del calendario y la dictadura del mercado han impuesto otro escenario. La competición empieza a mediados del octavo mes del año porque no hay fechas suficientes para meter todos los partidos y aunque las ligas domésticas terminan antes, solo la de Primera por lo que respecta a España, las dificultades económicas por las que atraviesan la mayoría de las SAD, el Mallorca entre ellas, prolongan las negociaciones de sus fichajes en busca de la fortuna más que del acierto.
Así, hablando de lo que nos es más próximo, el ahorro ha provocado que Luis García Ferández tenga que llevarse a sus pupilos, aun con demarcaciones por cubrir y, por si faltara poco, algún lesionado, nada menos que una semanita rancia a Marbella, donde necesitarán ejercitarse muy temprano por la mañana o muy tarde a la puesta de sol, para ponerse en forma. La cartelera del presente verano no admite valoraciones colectivas dada la esacasa entidad de los «sparrings», ni, en ningún caso, acentuar opiniones sobre los pocos fichajes confirmados hasta la fecha. Dadas las circunstancias no serviría de nada ninguno de ambos análisis. De hecho cabe preguntarnos si al menos les servirá a ellos. Lo dudo.


