Marruecos y el Mallorca de Ezaki
No, no es la primera vez que Marruecos capta la atención en un Mundial. Ya lo hizo en Mexico, en 1986, también clasificada en primera posición en la fase de grupos por encima de selecciones potentes como las de Inglaterra y Polonia, con las que empató a cero y Portugal, a la que venció 1-3. Cayó en octavos de final nada menos que frente a Alemania y por un exíguo 0-1.
Si estos días ha causado impresión un centrocampista de la talla de Amrabat, aquel año un portero de 27 años, Ezaki Badou, natural de Side Karem, asombró al mundo. Mayor admiración produjo que, a su regreso, un club modesto como el Mallorca lograra ficharle tras no pocas gestiones al más alto nivel de su país. Por aquel entonces Miguel Contestí presidía la directiva y Serra Ferrer conducía al equipo que protagonizó su hasta entonces mejor clasificación histórica al disputar un play off por el título de Liga con el Real Madrid, Barcelona, Espanyol, Sporting y Zaragoza.
Aquella efemérides motivó un viaje especial a Casablanca con todo el equipo, una buena parte de sus directivos, auxiliares y algunos aficionados y periodistas. Así que tuve la fortuna de experimentar in situ lo que significaba para los marroquíes su buen papel en el Mundial y, en particular, el éxito de Badou en el fútbol europeo. Pronunciar su nombre abría las puertas de cualquier restaurante, bar, tienda o el puesto de los zocos visitados. Añadiré que una fábrica de gaseosas colocó su foto en las etiquetas y, al parecer, incrementó sus ventas en cantidades no imaginables. La foto del guardameta estaba en todas partes: tras la barra de un bar, en los escaparates, en los mercados. Y eso que le acompañaba otro paisano, Hassan Fadil, que no era internacional aún y aunque la gente le conocía, no ejercía aquella influencia ni inspiraba tamaña pasión.
Los actos centrales del viaje, previo al último partido de liga, fueron una cena de gala en la embajada española y un partido amistoso contra el equipo del que procedía Ezaki, el WAC de Casablanca.
Los tiempos han cambiado. La presencia de futbolistas africanos en las grandes ligas europeas es numerosa y ya no sorprende a nadie. Puede que entonces pareciera algo exótico, pero no me cabe la menor duda de que el Mallorca, cuyo escudo y fotos inundaron los comercios de varias ciudades marroquíes, con Ezaki Badou contribuyeron al pistoletazo de salida y al salto del fútbol africano al otro lado del estrecho de Gibraltar, los Pirineos y los mismísimos Alpes.
