Matinal de cal y arena en Lugo

El Lugo repite horario en el Anxo Carro donde doblegó al conservador Leganés de Pep Lluis Martí y fue domado por el Almería de capital árabe. La mañana se prevé fría aunque apacible, al menos sin lluvia e incluso con algo de sol. En el banquillo Juanfran, aquel lateral zurdo de larga trayectoria en primera división en la que defendió los colores del Celta, el Zaragoza, el Valencia y el Levante e incluso vivió una aventura efímera en la plantilla del Ajax. Ahora, a sus 44 años, se mantiene en el banquillo local después de haber logrado la permanencia en Segunda en el tramo final de la temporada pasada al conquistar 14 de los 18 puntos que faltaban cuando se hizo cargo del modesto cuadro lucense.

Con uno de los presupuestos más bajos de la categoría, afronta el campeonato prácticamente con los mismos jugadores que hicieron posible la gesta, los clásicos, los de siempre: Pita, Seoane, Iriome, Barreiro, Canella y el exmallorquinista Campabadal. Un campo complicado si hay público, pero no tanto con las gradas vacías rodeando a un terreno de juego que parece más reducido de lo que es, si acaso un poco más ancho que la mayoría e igual de largo. Eso no le debería venir mal al Mallorca pese a sus ausencias. La defensa rojiblanca es la más goleada en estos primeros compases, junto con la del Las Palmas y el Albacete.

Sin Valjent, Baba, Lago Jr. y Trajkovssky, Luis García Plaza no echará de menos a este último. Tampoco a Marc Cardona, con molestias, al que acaba de conocer. Russo, Sedlar y Murilo aparecen como candidatos a suplir las bajas más importantes, aunque el técnico no ha dejado de recordar que no cuenta con un sustituto específico para el ghanés. El cuatro jinete, Amath, en la reserva.

Para aplicar el reglamento, Gávez Rascón, un árbitro madrileño que acaba de ascender. Pronto cumplirá 30 años, así que es más joven que al menos 5 de los protagonistas del lance. Ha pitado dos veces y reúne las virtudes y defectos de los novicios, es decir que carece de experiencia y a la integridad de su valentía contrapone su debilidad por las tarjetas.