Moviment en moviment

Ha transcurrido más de un año y medio desde que quien dice ser director de comunicación del Mallorca arremetió contra los portadores de la pancarta que ilustra este blog reivindicativa de los derechos de la afición frente a la gestión social del club. Que Moviment Mallorquinista haya emitido un comunicado al respecto, prudentemente ignorado por aquellos deudores de míseras prebendas en defensa de intereses espúreos, significa que las cosas siguen igual, como la vida, o peor.

Comete un error la junta directiva firmante en cuanto al supuesto acierto o los resultados positivos de los balances económicos porque, tal cual hemos expresado recientemente, una sociedad que invierte tan poco y cierra con pérdidas sus ejercicios no puede presumir de buena administración. Sin embargo pone el dedo en la llaga del desapego imperante entre la SAD y quienes mantienen vivo el «negocio»: los aficionados, ni la televisión, ni los pingües beneficios generados por restaurantes lujosos, palcos vip, gimnasios de supuesto lujo o clubs de negocio con menos raíces mallorquinistas que las de los dueños americanos.

Sin los primeros, nada de todo lo demás tiene sentido, ni justificación y mucho menos sentimiento. El barrido de mallorquines antes y a partir del despido del presidente representativo, Monti Galmés, advierte del síntoma que, así recuerda el comunicado en cuestión, se refleja en el descenso de asistentes a Son Moix que, naturalmente, depende en gran medida de los resultados y el espectáculo, ambos en evidente recaída por causa de los primeros y la ausencia del segundo. Nada sorprendente ante la dejadez de los ejecutivos respecto a lo único que puede mejorar ambas cosas: invertir en la plantilla.

No conozco personalmente ni he mantenido ni mantengo contacto alguno con los socios del Moviment, pero me alegro de coincidir en el análisis de cuanto ocurre en el amplio espacio que discurre entre las oficinas de Son Moix y los despachos indiferentes de Phoenix, Miami o Delaware.