Muriqi, emperador del gol
Salen al campo para entrenar o lo abandonan. El plano es corto para advinarlo. Kumbulla, Sánchez y Muriqi hablan de las vendas que usa el primero en su muñeca, no les convence. A continuación bromean sobre el gol del kosovar ante el Madrid, se escucha un «estuvo bien» de Marash y el autor tira de modestia «¡no, qué va!». Sube eso le indica el mallorquín al cámara que rueda la escena, pero la secuencia finaliza con «¡golazo! del propio Vedat. Lo mejor viene después:
– ¿y este fin de semana, qué?, pregunta Antonio al goleador
– No hablo de futuro, responde el internacional. El fútbol no es mañana, ni ayer. Es hoy.
Puede que sí, pero no creo que Muriqi, cuyo caché subirá como la espuma a final de temporada si no es malogra su racha, haya leido las Meditaciones de Marco Aurelio a las que hacía referencia en mi blog de ayer, con la salvedad de que cuando el emperador se refirió a la vida en los mismos términos aun no se había inventado el fútbol ni nada que se le pareciera.
Usaré la sentencia si algún día publico una segunda edición de mi libro «Fútbol y vida». No lo busquen. Solamente edité los suficientes para regalar a mis amigos, familiares o conocidos más entrañables. No contenté a todos. Lo siento. Claro que tampoco he descubierto la pólvora. Cuando ví el relato audiovisual descrito en la página oficial del Real Club Deportivo Mallorca en Instagram ya lo habían visitado 136.000 seguidores de los 485.000 instagramers que la siguen.
Se impone el presente. Los futbolistas se examinan cada siete días, actualmente menos por el afán competicional de la FIFA y sus asociadas con fines recaudatorios, pero los periodistas lo hacemos cada día, igual que los ejecutivos. Al menos aquellos que mantenemos la costumbre de escribir cada día. Dos jornadas seguidas de derrotas, fracasos o textos deficientes, insulsos o solo interesantes para su creador no admiten perdón ni disculpa. La victoria es una obligación para todos.
El triunfo del pasado sábado caerá en el olvido si el Rayo Vallecano amarga la tarde. En el deseable caso contrario, la fiesta durará otra vez durante unos pocos días. La redención no se aplica hasta el juicio final, cuando la suma de éxitos y decepciones determine la mitad de lo que uno ha ganado más la otra mitad de lo que haya merecido. Será lo único válido, porque el ayer ya habrá pasado y el futuro no volverá hasta el mes de agosto.
