Nada por aquí, nada por allá

Una cosa que nunca me gustó de la carrera militar es que un sargento, por muy cazurro que fuera, pudiera mandarle por galones a un soldado más inteligente. Y así subiendo la escala de las graduaciones. El deporte español, que dependía de una tal señora Rienda, ahora relegada a diputada de la Comunidad de Madrid o algo por el estilo, pasó a la tutela del señor Franco, no Francisco ni general, sino José Manuel, antes destinado a la delegación del Gobierno en la Capital, que me pregunto yo para qué necesita el Ejecutivo un representante si ya están todos allí. Paso por alto la insondable experiencia de ambos en cuestiones de gestión deportiva, pues ya leí en El Pais que los nuevos ministros tampoco la tenían en sus respectivas áreas, pero si en otras. Me quedé más tranquilo.

A lo que iba, a un señor que era la máxima autoridad en cuestiones de Administración Territorial, le han trasladado a Cultura y Deportes. Si no constaba, o no se ha notado, su diplomatura en su primer desempeño ministerial, tengo la sensación de que al señor Franco, don José Manuel, no Francisco, ni Bahamonde ni general, ni siquiera promotor de pruebas ciclistas o director de cine, le han colocado por encima a un superior que todavía sabe menos que él, si bien alguien ha dejado caer que Miguel Iceta, nuevo ministro de la cosa en cuestión, tuvo un progenitor que jugó a fútbol con no recuerdo qué equipo. Menos da una piedra. Si, ese mineral en el que todos tropezamos no una, sino dos o tres veces. O más, como refleja el ejemplo al uso.

El tiempo se detiene ante mis ojos al imaginar que la Selección bajo la dirección de Luis Enrique gana el Mundial de Qatar, nada menos, y que veamos al señor Iceta bailando en el palco presidencial como un poseso. Ya solo por eso valdría la pena revalidar el título del 2010. Amén.