Nada que celebrar (II)
Andy Kohlberg, todavía presidente del Mallorca, se aprendió algunas frases en catalán con la intención de que se interpretara como una muestra de integración personal y del club en una sociedad tan sumisa como difícil de impresionar y de cara a una afición decepcionada. Sus pésimos asesores alentaron el gesto sin conocer aquel viejo texto de María Ostiz al recordar que «con una frase no se gana un pueblo, ni con un aprender de su lenguaje».
Por no abandonar la poesía, ni la música, hubo un grupo, creo que todavía existe, llamado La Década Prodigiosa. La del Mallorca pasó hace tiempo y la que se pretende celebrar más bien se podría calificar de desastrosa. Los desmanes que se le imputan a Pablo Ortells con todo merecimiento, forman parte de la política impuesta por la propiedad desde un principio, primero con Maheta Molango y Javier Recio y ahora con Aritz Aduriz en su condición de ayudante del director de fútbol. Los fichajes de Kalumba, Radonjic, Chiquinho o Augustinson y Van de Heyden no son muy diferentes de los Kadewere, Trajkovsky, Mboula, Cufré y demás comparsa, sin olvidar que el primer entrenador contratado fue Fernando Vázquez.
Ya en posición de descenso a fuerza de jugar con fuego durante mucho, muchísimo, tiempo, el aun accionista de los Phoenix Suns, ha tenido dos lustros para detectar los problemas ajenos a los jugadores, Dani Rodríguez aparte, y prescindir de quienes, en ausencia del presidente, gobiernan la nave. . Unos seguidores maltratados en la grandes citas, la final de Copa del Rey y la Supercopa, por no analizar el coste del malogrado alquiler del restaurante Presuntuoso, la salida del director de comunicación, Albert Salas, mal sustituido y obligatoriamente rescatado de una excedencia para dedicarse a idear vídeos promocionales más o menos afortunados, entre numerosas razones que justificaban el relevo del CEO, Alfonso Díaz.
El fútbol es un puñetero negocio que solamente paga la afición, ignorada, y cobran todos los demás. Lo mismo ocurre con los entrenadores, primeros en coger la maleta que tal vez debería embarcar el o los directores deportivos que armaron las plantillas. De eso, en todo caso, no hablaremos hoy. ¡Mañana!.