NI GOZO, NI POZO (1-1 en Son Moix)

Tanto el Mallorca como el Valencia desaprovecharon claras oportunidades para ganar. Tuvieron que conformarse con un empate que no les saca de apuros. Abrió el marcador Samu Costa al cabecear un centro, cómo no, de Sergi Darder, apenas iniciada la segunda parte. Casi veinte minutos después Sadiq, al aprovechar una dejada de Javi Guerra en un saque de banda, créanlo, remató muy cerca de Leo Román al ganar la posición de Maffeo. Las alegrías duran poco en casa del pobre.

ALINEACIONES:

R.Mallorca.- Leo Román (1), Maffeo (2), Valjent (2), Mascarell (1), Mojica (1), Samu (2), Sergi Darder (2), Morlanes (1), Pablo Torre (1), Asano (1) y Muriqi (1).

Minuto 58. Jan Virgili (2) por Asano. Minuto 75, David López (1) por Mascarell y A.Sánchez (1) por Morlanes. Minuto 83, Llabrés (-) por Pablo Torre.

Valencia C.F.- Dimitrievski (2), Thierry (-), Tárrega (1), Pepelu (1), Gayá (1), Guido R. (1), Ugrinic (1), D.López (0), Ramazani (1), Beltrán (0) y Sadiq (1).

Minuto 10, Saravia (1) por Thierry, lesionado. Minuto 59. Javi Guerra (2) por Ugrinic, Danjuma (1) por Beltrán y L.Rioja (2) por Diego López. Minuto 94, Jesús Vázquez (-) por Ramazani.

ARBITRO:

César Soto Grado (2). Muy buen arbitraje sin la menor trascendencia, con las decisiones solo necesarias y sin errores. Marcó once infracciones a favor del Mallorca y ocho en contra. Amonestó, tarjeta en ristre, a Dimitirvesky por pérdida de tiempo y a Guido Rodríguez.

GOLES:

Minuto 48, el Mallorca saca un córner en corto que deja la pelota en poder de Sergi Darder unos pasos más atrás y con mejor ángulo para el centro medido a la espalda de la defensa blanca, que desatiende la entrada de Samu para rematar de cabeza inapelable.

Minuto 66, saque de banda que Luis Rioja pone en el área donde Javi Guerra peina de espaldas sin oposición y, en el palo largo, Sadiq se anticipa muy cerca de la portería. 1-1

Cuatro saques de esquina sobre la meta local y seis contra la visitante.

20.103 espectadores

Y EL PIRATA NO VIO TIERRA

Habrá que seguir remando. La grada ayuda, pero no golea. Muriqi hizo cuanto pudo, pasado de ansiedad, precipitación y una presión innecesaria pero, como había dicho en la previa Carlos Corberán, el entrenador del Valencia, el Mallorca es algo más que el kosovar. O debería.

El miedo a perder que ambos contrincantes exhibieron en la primera parte, con varias ocasiones deperdiciadas por Asano, voluntarioso pero limitado, contrarestada por una sola cerca de los palos cubiertos por Leo Román, cambió en la continuación a raíz del tanto de Samu que abría el mercador, la esperanza y el gozo. Herido de muerte el tigre, Demichelis decidió sustituir al japonés por Jan Virgili, mejor dotado, y el joven jugador catalán generó hasta tres situaciones para matar al animal moribundo. Ni él, ni ninguno de sus compañeros, unas veces por egoismo, otras por exceso de generosidad y, en todo caso, por ansiedad y precipitación, dieron el descabello y permitieron a la bestia sacar sus garras cuando el esfuerzo por abatirlo había decaido y el banquillo local carece de recursos.

El técnico valenciano disponía de más cera que la que sacó para quemar. Con nueva infantería, Javi Guerra y toda la artillería, Danjuma y Luis Rioja, se lanzó a por aquello que había venido a buscar, el empate. Curiosamente fue el Mallorca quien terminó aceptándolo cuando Demichelis, desencantado, optó por refrescar la defensa, David López, ante el temor de pagar un precio mayor que, por cierto, estuvo a punto de ser cobrado en la última acción de la tarde.

Sus hombres no estuvieron cómodos en la mitad del tiempo que duró la batalla. La muralla plantada por el enemigo con sus once jugadores defendiendo el terreno, exigía mayor rapidez, más embestidas y opciones diferentes a la búsqueda del protagonista involuntario del lance, severamente vigilado. No apareció esa segunda línea hasta después del descanso, con el tanto de Samu que pudo cambiar el signo final de haber rematado la faena, pero entre unos y los otros la casa se quedó sin barrer. El orden impuesto por Sergi Darder se rompía en la simpleza de Morlanes, sus descuidos defensivos y la premiosidad de los artilleros.

Nada que celebrar, ni nada que lamentar, al menos por ahora. Nadie dijo que iba a ser fácil. El sábado en Vitoria otra final no apta para pusilánimes.