Ni hay oro, ni reluce
La implicación, como el movimiento, se demuestra andando; en este caso, fichando. Mejorar la fachada del estadio de Son Moix con cargo a la hipoteca suscrita por la Liga de Fútbol Profesional a retraer de los ingresos por derechos de televisión, queda muy bien de cara a la galería ajena y totalmente desinteresada de todo lo que no suceda sobre el terreno de juego. Por ejemplo, las entrañas de la grada noroeste que se muestra en la fotografía de cabecera, se ven más y por eso se enseñan menos.
Cuando se nos insiste por activa y por pasiva en el apoyo de la propiedad, Andy Kohlberg y su tripulación, no la observamos en las sucesivas aperturas de mercado, ni el de verano y mucho menos el de invierno. Somos como Santo Tomás pero sin poder poner el dedo en ninguna llaga, aunque las haya. El Mallorca ocupa la décimo tercera posición en el ranking de fichajes desde que finalizó la pasada liga hasta el 1 de septiembre no solo en inversión, sino en el número de nuevos contratos. Una contradicción de acuerdo con otra de las cantinelas al uso: «el patrimonio del club es la primera división», porque ese patrimonio se pone en peligro año tras año.
El Espanyol, empeñado en no sufrir como hace unos meses, ha llevado a cabo una ampliación de capital de 38 millones y los 25 del traspaso de Joan García al Barça por otro lado, le han permitido incorporar una docena de futbolistas reforzando todas y cada una de las líneas del equipo, aparte de asegurar la continuidad de sus pilares más importantes como Puado. Con un cambio de dueño, eso si. Hasta el Alavés se ha gastado más pese a no haber podido realizar ninguna venta importante.
El CEO, el omnipresente Alfonso Díaz, dejó caer, distinto de anunciar, la decisión del accionariado de abordar una nueva aportación, pero sin aclarar su importe ni en base a la necesidad, la voluntad o la ambición. Y no es lo mismo, no. No es lo mismo.
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