Ni MES, ni menos

Entre los casi dos millones de euros que el Mallorca percibirá por repetir en el estadio su propio nombre y los quinientos mil que Cort regaló al Atlético Baleares para sembrar el césped del Estadio Balear hay una pequeña diferencia y es que, por rebatible que sea, los de Son Moix ofrecen una contraprestación.

Aceptamos la mayor: no tenemos por qué pagar con nuestros impuestos ninguna clase de inversión en una empresa privada y, por añadidura, de capital extranjero. Más allá de este primer y evidente argumento, vienen otros a colación porque si desde el Camí dels Reis se expone que las repercusiones de llamar «Visit Mallorca» al multiusos en cuestión ascienden a 43 millones, según la apreciación de no sé qué contador digital, entonces es que la gestión de los americanos es penosa, porque el precio de venta es ridículo y quien lo haya pactado debe ser inmediatamente cesado por blando e inútil.

Y no, no vamos a entrar en el póquer político que pretenden jugar los de MES y Podemos. El oportunismo para ellos. Pero a la hora de tasar los beneficios públicos de la promoción conviene no olvidar cuáles son los mercados turísticos incidentes. El hecho de que el Mallorca decida presentar sus camisetas en Japón se explica por el patrocinio de sus camisetas, pero no para abrir el turismo nipón. Mucho menos el chino y, pese a Sarver, Kohlberg y compañía, tampoco el americano. Estamos lejos de eso. De otro lado si el acuerdo es el chollo que nos venden, extraña que no lo exploten empresas mallorquines con intereses concretos por aquellos lares. Se me ocurren al menos diez de ellas y no exclusivamente hoteleras. Y nadie diría nada. Ni MES, ni menos.