No, no es lo mismo

«No es lo mismo ser que estar», canta Alejandro Sanz, «no es lo mismo arte que hartar», «no es lo mismo vasta o bastar» , «ni es lo mismo decir, opinar, imponer o mandar». Podríamos añadir a sus versos que no es lo mismo ataque que contraataque, aprovechar espacios que crearlos. No pocos entrenadores nos explicarían que tampoco es igual ir a misa que estar en ella.

Si aplicamos dicha reflexión al juego del Mallorca, tan pragmático fuera de casa y más farragoso en Son Moix, llegaríamos a la conclusión de que el diseño de Javier Aguirre, impecable en cuanto a resultados, exprime el jugo de un repliegue sin concesiones cuya transición ante enemigos abiertos, y en algunos casos confiados, permite sorprender a sus rivales. La cosa cambia cuando los contrincantes igualan la apuesta y se disponen de la misma manera, cerrados atrás y a verlas venir.

La mala experiencia vivida la temporada pasada en Palma con el Granada (2-6) que casi cuesta el descenso, fue una pesadilla provocada por un cambio de sistema que el mexicano, con buen criterio, no desea repetir. El fútbol negocio vive de resultados,- no nos referimos a los económicos que se dan por descontado-, y prescinde de florituras. El  «tik, tok» en casa y redes sociales y el tiki-taka para Quique Setién, por nombrar a uno de sus tercos defensores.

El mallorquinismo ya ha asumido la dictadura del marcador porque, además, Héctor Cúper  sentó cátedra de la presente filosofía en el derruido Lluis Sitjar. ¿Qué es jugar bien para usted? le espetó en cierta ocasión a un periodista. Pues eso, sencillamente hacer lo mejor posible aquello que cada uno sabe hacer. Lo fácil, si se quiere. Si todo el mundo lo hiciera así en sus quehaceres cotidianos, el mundo sería distinto.