Nunca pasa nada

Hay quien se entrampa por millones de euros y quien lo hace por un bolígrafo publicitario. Pero, aunque parezca lo contrario, no hay grandes diferencias. La línea que separa la ética y la moral de la picaresca, ya sea bien o mal intencionada, no es tan fina como nos quieren hacer creer. Por el contrario es de un color, intensidad y tamaño más rotundos que la tenue señal que aparece en los positivos de los tests de antígenos del covid.

No voy a entrar en la legalidad o irregularidad que pueden encerrar los contactos entre el presidente de la Federación Española de Fútbol y el jugador del Barça Gerard Piqué. La determinará quien deba hacerlo en función de su cargo, competencia y conocimientos jurídicos. No es mi caso. Pero cuando el futbolista esgrime que sabe separar lo que es fútbol de lo que es comercio, no lo hemos puesto en duda, pero le Biblia cuenta como Jesucristo sacó violentamente del templo a los comerciantes que habían instalado allí sus chiringuitos. Tampoco hacían nada reprochable ni atentaban contra ninguna ley romana o judaica.

En cuanto a Luis Rubiales debería recordar que «la mujer del César no solo debe ser honrada, sino también parecerlo» porque lo que se discute aquí no es la comisión o no de delito alguno, sino la ocasional convergencia de intereses entre quien preside uns institución que representa a todos y una parte de estos últimos, en tanto en cuanto ostenta la propiedad de un club y milita en otro. Más allá de que, según el diario digital El Confidencia,  a todos nos haya quedado claro que el Real Madrid y el Barcelona deben jugar la Supercopa salvo cuantiosa penalización de los contratos suscritos. Aunque eso nos sorprende todavía menos ¿verdad?.

Aquí nadie dimite. No es necesario ni exigible. Nunca pasa nada. Y así nos va.