Objetivo cumplido (2-0)
El Mallorca se queda a un solo punto matemático del ascenso tras vencer al Alcorcón en un partido poro brillante en el que un golazo de Salva Sevilla, el segundo de su equipo, premió la presencia de cuatro mil espectadores en las gradas de Son Moix. El primero había llegado antes del descanso al transformar Abdón un penalti de VAR, nunca mejor dicho, por esas manos de un defensa que cada árbitro interpreta cómo le da la gana. Los alfareros, descenso en juego, ni se aproximaron a la portería de Reina.
ALINEACIONES:
R.Mallorca.- Reina (-), Gámez (1), Russo (1), Valjent (1), Oliván (1), Sedlar (1), Salva Sevilla (3), Amath (1), Dani Rodríguez (2), Lago Jr. (1) y Abdón (1).
Minuto 60, Baba (1) por Sedlar y A.Sánchez (1) por Abdón. Minuto 69, Galarreta (1) por Salva Sevilla. Minuto 80, Mboula (-) por Lago Jr. y Febas (-) por Dani Rodríguez.
A.D. Alcorcón.- Dani Jiménez (1), Víctor García (1), D.Fernández (1), J.León (1), Laure (2), Aguilera (0), Nwakali (1), Hugo Fraile (1), Juanma (0), Ojeda (1) y Xisco (0).
Minuto 57, Barbero (1) por Aguilera y Marc Gual (0) por Xisco. Minuto 60, Hugo Sosa (1) por Hugo Fraile, Ernesto (0) por Ojeda y Gorostidi (0) por Nwakali.
ARBITRO:
Arcediano Monescillo (1), castellano manchego. Errático al principio con reparto injusto de las primeras tarjetas y sin aplicar a punto la ley de la ventaja. Precisó de la ayuda del árbitro de cabina, Sagués Oscoz, para pitar penalti por unas manos de José León sobre la frontal del área, pegadas o no, de espaldas al balón o no. No tuvo problemas una vez que el partido se acomodó. Aun así exhibió amarillas ante Sedlar, Dani Rodríguez y Abdón, del Mallorca, así como José León y Nwakali, del Alcorcón.
GOLES:
Minuto 40, Dani Rodriguez empalma desde fuera un rechace y el balón va a la mano de un defensa que sale a tapar. Inicialmente se señala fuera del área, pero desde el VAR corrigen y el árbitro decreta penati que transforma Abdón de tiro suave al lado opuesto al que se lanza Dani Jiménez. 1-0
Minuto 54, gran jugada de Salva Sevilla desde el centro del campo, hace la pared con Abdón, que le devuelve el balón por alto, y el veterano bombea fríamente sobre la salida del portero. 2-0
DOS RAMALAZOS
Cuando se ponen en liza dos metas tan opuestas como un ascenso y un descenso no importa más que el resultado porque realmente puede ocurrir cualquier cosa.
Ignoro si Anquela planteó el partido para ganar, dadas sus necesidades, pero mi impresión es que solo quiso evitar la derrota. Plantó sobre el terreno a un once más o menos bien colocado, con un solo punta, Xisco primero y Marc Gual después, más solo que un náufrago en una isla desierta. Un Alcorcón de mucho toque y ninguna pegada, un quiero y no puedo, que abdicó al primer bufido de un Mallorca claramente superior que no tuvo mucho incoveniente al dejar la pelota en pies ajenos y aguardar con paciencia esa oportunidad que, finalmente, siempre se presenta.
En cuanto la maquinaria estuvo engrasada, es decir una vez que Salva Sevilla y Dani Rodríguez empezaron a carburar, los alfareros tuvieron que rendirse al brillo de la luz que desprende la clasificación y aunque el primer ramalazo llegara casi a punto del intermedio y el segundo pocos minutos después, el guión de lo que tenía que ser ya había sido escrito, con cambios o sin ellos. Mientras los visitantes apenas atendían a la presión exigida por el aspirante al ascenso y este intentó jugar en vez de responder con las armas de un rival limitado, impreciso , lento y horizontal, la balanza se inclinó hacía el único fiel posible.
Más que una oda al partido, que no lo mereció, hubo que escribirla como un homenaje al firmante que quiso agradecer la presencia de público más allá de la discriminatoria medida que la permitía. Su gol merece un puesto de honor entre los mejores de la jornada y del campeonato pero, sobre todo, paga con esta ovación escrita la entrega, honestidad y profesional de un futbolista honrado como pocos y fundamental en este regreso a primera división cuya puerta de embarque ya ha sido abierta. Esta acción valía el partido como París una misa, según los anales atribuyen a Enrique IV de Francia.