Oda a Fran Gámez

En estos tiempos de guerra entre egos inconsistentes y la ética de la razón, donde las matemáticas son interpretables y la filosofía consiste en persuadirnos de que lo negro no es negro ni lo blanco, blanco, sino que puede ser al revés, la sencillez se confunde con el gris. Y no. Un muy querido amigo, con el que ayer compartí el concierto de Jamie Cullum en el seno de un Mallorca Summer Live de gran nivel de organización, insiste a menudo en no reunirse sino con «gente normal». Otro concepto torticeramente confuso, porque normal es la propia naturaleza en si misma y el hombre su perversión.

El Mallorca ha tenido en su plantilla a un futbolista normal, que no es poco. Un ejemplo de profesional, discreto que siempre ha estado ahi cuando se le ha necesitado, dando lo mejor de si mismo y sin regatear esfuerzo ni rechistar, pese a su más que discutible papel de gregario por debajo de compañeros no mejor dotados. Hablo de Fran Gámez, quien dicen que ha llegado a un acuerdo para la rescisión de su contrato y se perfila como nuevo lateral diestro del Zaragoza. Aquí ha jugado también en la izquierda para cubrir necesidades y ha estado a las duras y las maduras desde el calvario de Segunda B, al infierno de Segunda y un año en esta Primera para la que ahora dicen que no sirve. Y puede que tengan razón en base a los subjetivos criterios de los que ostentan mando en plaza.

Entiendan que no vengo a afirmar que el saguntino sea una estrella del fútbol, solo que tipos como él, que no abundan, merecen salir por puertas menos silenciosas y algún tipo de reconocimiento. Ha sido, es, un jugador «normal» y una persona excelente, sencillo pero no gris.