Otra señal de alarma
No tengo apenas idea de economía y fui muy mal estudiante de matemáticas pero me enseñaron que no es bueno poner todos los huevos en el mismo cesto. El fútbol, entre cuyos dirigentes hallaríamos hábiles empresarios, sesudos financieros y, desde luego, algún aventurero no por ello menos avispado, ha optado por una sola cesta: la de la televisión.
Llegan noticias de que las grandes plataformas, algunas de las cuales apostaron por los derechos de las grandes ligas invirtiendo importantes sumas de dinero, han concluido que la oferta del fútbol no mejora sus balances. Vodafone renunció a ello, Movistar pierde dinero y la transmisión de los partidos de primera división, ya no digamos los de Segunda, no incrementa la cifra de abonados.
Desconozco cuál es la salida, pero como ya he manifestado mi sospecha de que a la hora de suscribir los nuevos contratos va ha haber negociaciones muy duras y en cualquier caso ofertas muy a la baja. Por mucho que Florentino Pérez, Laporta y Agnelli, además de los que luego se bajaron del burro, creyeran en la Superliga como panacea, no parece que una competición limitada a un número de equipos por buenos que fueran, eso estaría por ver, mejorara sustancialmente unas audiencias en declive. Lo mismo vale para la FIFA si sus dirigentes piensan que un mundial cada dos años producirá los beneficios actuales. Seamos sinceros, con un Corea-Mali o similares cada cuatro ya tenemos bastante.
Yo, televisión aparte, trabajaría en el regreso de público a los estadios, que vuelve a peligrar con el repunte de la COVID, pero ya empecé por advertir tanto de mi ignorancia como de mis rarezas.
