Para pescar, agua revuelta

Rectificar no es de sabios, pero no repetir errores sí. Martín Demichelis, entrenador del Mallorca, ha dado muestras no sé si de inteligencia, aunque si de sensatez. Ya dijo antes del partido y lo mantuvo después, que ganar al Real Madrid, un sueño antes de convertirse en realidad, no daba la salvación. Lo normal hubiera sido ganar en Elche y perder este domingo, pero el orden de tales factores solo altera el producto en la distancia sobre el equipo ilicitano que refleja la clasificación. «Los pies en el suelo y la mirada hacia el cielo», una gran frase para frenar a los eufóricos y encarar las dificultades que se avecinan.

A lo largo de estos últimos días algunos jugadores han denostado la figura de Arrasate y han alabado los métodos del técnico argentino, un detalle feo en cierto modo. Sin embargo no es menos cierto que este último, al contrario que su predecesor, ha removido la arena que bajo las órdenes de Jagoba se había apelmazado. El de Berriatua trataba de cambiar haciendo las mismas cosas, todo lo contrario de lo que caracteriza el primes mes de trabajo de su sucesor. No solamente usa un nuevo dibujo con alternativas en función del desarrollo de cada partido, sino que ha redireccionado las funciones y la conducta de algunos jugadores en busca de alcanzar su mayor rendimiento.

Acabamos de ver a Sergi Darder cual director de orquesta por delante de la defensa en lugar de pegarse a la banda izquierda sin nadie al timón. Otorgar confianza al recién llegado Luvumbo en lugar de insistir en los extremos de siempre y enseñar a Jan Virgili el camino de humildad y la conciencia colectiva del juego que aun ha de recorrer para progresar en la medida que todos esperan. Pablo Torre ha pasado de suplente a titular, aun en período de mejoría. Pasos que no se dieron durante todo el año pasado.

Pero esto no ha acabado ni mucho menos. Ni el Rayo Vallecano ni el Valencia darán las facilidades que dió el Real Madrid en cuanto a intensidad y denuedo. El Mallorca ha ganado una vida que nadie esperaba, tres puntos con los que los rivales más próximos no contaban. Sin embargo la guerra no ha terminado, quedan ocho batallas a cuál más exigente que no admitirán bajar la guardia ni el menor desfallecimiento.