Que el ritmo no pare
Los entrenadores de segunda división, unos con más voz que otros aunque la categoría pesa poco o casi nada, claman en contra de que el parón de selecciones no se aplique a su calendario. Seguramente tienen razón porque pierden a sus internacionales que, pese a ser muy contados, dejan huecos importantes en plantillas con menores recursos. Pero pagan el precio de no reclamar algo mucho más importante y que además serviría para detener la competición tal como sucede en Primera: reducir la temporada cuatro jornadas, es decir que la devuelvan a su antigua y lógica dimensión con no más de veinte equipos. Virtual reparación, dicho sea de paso.
Otra reforma interesante aunque improbable por la dejadez, desidia e incompetencia de la Federación, la Liga y los propios clubs, consistiría en organizar una liga aparte para los equipos filiales. No estorbarían en el fútbol profesional, evitarían la trampa de las fichas amateurs, podrían delimitar la edad máxima para inscribir futbolistas y los mejores tendrían la oportunidad de foguearse en igualdad de condiciones sin tener que vagar por las falsas primera o segunda federación convertidas en cementerios de elefantes o promesas de bajo vuelo.
Mientras tanto hay que entrenerse con lo que hay. Luis García Fernández y García Pimienta, que afrontarán este domingo en Son Moix su primer choque serio del ejercicio en curso, se han intercambiado sendos homenajes orales y florales. Cada uno ve en el ojo del adversario el aura del ascenso, una forma de insistir, cada cual por su cuenta, en lo que todos ya sabemos: han entrenado sensacional, el enemigo a las puertas siempre es complicado, difícil y habrá que tener mucho cuidado con eso, aquello y lo de más allá. Falta mucho fútbol y sobran ruedas de prensa anodinas. Lo malo o lo bueno es que las profecías deben y pueden esperar; los cambios, eternamente.


