Rafa puede hacer lo que quiera

Puede hacer lo que quiera porque se lo ha ganado a pulso. Si no quiere o no puede jugar la temporada americana, como si tampoco empieza el año en Australia. De hecho siempre pensé que Rafa Nadal debió dosificarse mucho más en su primera etapa, cuando ya hasta Federer lo hacía, en previsión de lesiones que tuvo luego. Pero no importa. ¿Qué le vamos a pedir?. Pues nada. Ya lo ha dado todo.

Rafa es de otra pasta, ni de la nuestra ni de la suya, de otra. Es inevitable que en torno a las grandes figuras de cualquier deporte, arte, ciencia o lo que sea, surjan descubridores, educadores, administradores, parientes próximos o lejanos y hasta algún admirador. A estas alturas de la película él es el único que mantiene genio y figura porque eso no se inculca, pese a las pretensiones de algunos, sino que se desarrolla con el indivíduo. Cuántos ejemplos hemos conocido de familias enteras pergeñadas bajo el mismo orden y sin embargo disgregadas por las profundas disfunciones de sus integrantes.

Rafa Nadal, si me permiten, creo que ha estado por encima de la tutela de su tío Toni, psicólogo de estela que no de escuela, pasó por encima de la fama adquirida por Miguel Angel, superó la separación temporal y posterior reconciliación de sus padres, la filiación política de otro de sus tíos e incluso la influencia orquestal de su abuelo. Ha sabido mantenerse al margen de esa areola sin aura. Su sola presencia en la pista, disipaba y minimiza la importancia de un entorno irrenunciable. Es tan humano como humilde y ha puesto el nombre de su ciudad, de su isla y de su país en el mapa mundi.

Que juegue o que se retire. ¡Qué más da!. Gracias mil por todo.