Recuerdos de Sarver

Miren cómo estará el mallorquinismo que espera el anuncio del fichaje de Pablo Torre como si fuera el mismísimo Lamin Yamal, cuya presencia en Son Moix en la primera jornada de liga ni siquiera ha levantado una somera brisa de morbo blaugrana. Unos se entretienen preguntándose por qué sus números ordinales de abonados coinciden exactamente con los de la pasada temporada, pues lo normal es que bajen un poco. Otros esperan algo sobre los porteros más allá de la renovación del Pichu Cuéllar y ya no les importa si se marchan Maffeo o Larin, chavales de la cantera aparte. Eso a punto de alcanzar el último fin de semana antes de la presentación a filas para las revisiones médicas de rigor.

Si mister Kohlberg, sus ejecutivos Díaz y Ortells, se hubieran propuesto en algún momento decir la verdad sobre lo que piensan, lo que hacen está a la vista, nadie se conformaría con sus actividades atípicas ni creería que el lavado de cara del estadio municipal que les acoge obedece a algún gesto de inversión por parte de la propiedad y no pagado con el préstamo del fondo CVC a través de la Liga de Fútbol Profesional.

Nunca sabremos cuánto cobró Robert Sarver por la venta de sus acciones o, mejor dicho, cuánto le pagaron sus antiguos socios y actuales propietarios. Esta sería la clave para descifrar si la capacidad económica del nuevo consejo de administración dispone de la capacidad de aquel que, ante las acusaciones de racismo y misoginia que le obligaron a vender también las franquicias de los Phoenix Suns y los Phoenix Mercury, no se sabe a qué dedica ahora su tiempo libre. Pero todo indica que el proyecto estaba en aquella cabeza y el dinero en aquellos bolsillos.

Una deducción lógica si tenemos en cuenta la sencillez de la contabilidad que el CEO financiero aplica: las ovejas que entran, por las que salen. La cuenta de la vieja en la que no se especifica si el pedigrí de las cesantes es mejor, equiparable o peor que el de las nuevas. Han acertado eso sí en el slogan de la campaña:»Tu ets el Mallorqueta» porque ellos, desde luego, no lo son por muchos títulos de propiedad que ostenten.