Reglamento a la carta

La lesión de Ruiz de Galarreta excede lo simplemente lamentable y exigiría la entrada de oficio por parte del Comité de Competición. Hay precedentes. Lo hizo una vez con Arteche, central del Atlético, en el campo del Oviedo y también con el Mono Burgos cuando defendía la portería del Mallorca. Un puñetazo al delantero blanquiazul Serrano a la salida de un saque de esquina no fue sancionado ni siquiera con falta, habría sido penalti, por el colegiado madrileño Megía Dávila, pero a la vista de la gravedad, el agredido tuvo que pasar la noche en el hospital, al buen cancerbero argentino le cayó la mundial: once partidos suspendido.

La falta de unificación de criterios afecta a los arbitrajes sobre el terreno de juego y a los árbitros que manejan el VAR. La misma acción de Víctor Ruiz sobre el centrocampista bermellón sería castigada con expulsión por otros jueces sin cambio de contexto. Pero lo mismo sucede con las manos en las áreas, un despropósito permanente, o la aplicación y señalamiento de los fueras de juego, causa de despiste de cualquier aficionado pero igualmente de los propios técnicos y protagonistas. El reglamento indica que si el delantero está en línea con el defensa no se debe invalidar su acción, pero ya vemos que desde la cabina se trazan las rayas azul y roja y pobre del atacante que tenga un dedo más adelantado, el codo o la nariz aguileña. Por no hablar de las prolongaciones, sería interesante medir las decretadas cuando juegan los grandes (Madrid, Barça, Atlético, etc…….)en comparación a las que se conceden a los modestos.

La afición mengua, la afluencia a los estadios decrece y no solo por culpa de la televisión. Las reglas las revisan los elegidos por la FIFA, que nunca consulta con los más débiles y, en ningún caso, con el público que, guste o no guste, sigue siendo el consumidor final.