Regreso al pasado y recuerdos del futuro

El emperador romano Marco Aurelio afirmaba en sus Meditaciones que únicamente somos dueños del presente, un tiempo igual de fugaz para todos, mientras que el pasado ya no existe y el futuro siempre es incierto y desconocido. En efecto, la gran victoria del Mallorca sobre el Real Madrid ya es historia y, escondido el porvernir en el cajón cerrado del destino, lo mejor que podemos hacer es aprender lo que el pretérito nos enseño pues ignorarlo o reducirlo al recuerdo es de necios.

Esta reflexión me ha trasladado a mis 13 años de edad, la temporada 1962-63 en primera división cuando un día antes de la Nochevieja el Mallorca goleó al Real Madrid en el viejo Lluis Sitjar por un contundente 5-2. Había humillado al Atlético de Madrid semanas antes, 4-0 y se permitió doblegar al Barça, 1-1 en el Nou Camp y 2-0 en Palma para cerrar la liga que culminó con descenso al perder la promoción contra el Espanyol en un partido de desempate celebrado casualmente en el Santiago Bernabéu.

Sirva el ejemplo para establecer un paralelismo útil en el momento de enfrentar las ocho finales que restan con el ánimo de consolidar la permanencia en Primera que el CEO, Alfonso Díaz, se enorgullece de no haber incentivado a la plantilla.

Se preguntarán cómo aquellas épicas hazañas no fueron suficientes para no perder la categoría. Muy fácil. El Osasuna, uno de los descendidos directamente, le endosó un rotundo 4-0 en El Sadar, el Real Zaragoza 6-1 en La Romareda, el Valencia 7-2 en Mestalla, y los merengues devolvieron la manita en la segunda vuelta. En resumen, el Mallorca fué el segundo equipo más goleado, solamente superado por el Málaga que terminó colista y ahora mismo se produce algo similar, puesto que los ahora dirigidos por Martín Demichelis, son quienes más goles encajan junto con el Real Oviedo y solo batidos por el Levante y el Sevilla.

Han transcurrido 63 años desde entonces, pero aunque los grandes triunfos ocupen la capa superior del baúl de la memoria, conviene igualmente conservar los fracasos en el fondo como antídoto de una relajante euforia.