Roedores y felinos del fútbol
Podría compararlos con Batman y el Jocker, si, pero prefiero pensar en el gato y el ratón de cualquier película de dibujos animados aunque, como asegura en privado un juez mallorquín ya jubilado, «lo difícil es saber quién es más culpable, si el acusador o el acusado».
No, no juzgaré la más reciente, que no será la última, trifulca entre Luis Rubiales y Javier Tebas al hilo del aplazamiento de dos partidos de primera división este fin de semana, Sevilla-Barça y Villarreal-Alavés, debido a compromisos de sus internacionales con sus respectivas selecciones. Ignoro si el Consejo Superior de Deportes tiene competencias para ello, aunque me extraña el oasis de su intervención en medio de su habitual desierto de decisiones mucho más necesarias e incluso urgentes, y creo que si la Conmebol ha decidido prolongar su jornada por las razones que fueren, no puede trasladar su problema a las competiciones domésticas en curso o, lo que es lo mismo, alterar un calendario aprobado y consensuado en tiempo y forma.
Tengo muy claro, llamen lo especulación si les place, que de haber afectado a un Elche-Cádiz, por ejemplo, o un, que sé yo, Celta-Osasuna, no se habría movido nadie. Más aun, el partido de El Madrigal se ha colado a rebufo del otro. Dicho lo cual, el cruce de comunicados entre la Liga de Fútbol Profesional y la Real Federación Española de Fútbol es patético de por si porque, en el fondo, no se trata de debatir quién es el organizador de la Liga, sino de aprovechar la menor contingencia para exigir reivindicaciones obsoletas y proseguir en permanente contradicción.
Tal como evoluciona el deporte, cada vez más industrializado, las federaciones deportivas no tienen razón de ser. A la de fútbol le queda un telediario y medio, el tiempo que los clubs menos profesionales, si bien lo son casi todos, tarden en darse cuenta de que no se necesitan más que a si mismos para montar su espectáculo y su negocio. Y lo que los demás, con Tebas o sin, caigan en la cuenta de que pueden organizar sus propios comités incluido el de árbitros, quienes deberían declararse independientes y actuar sencillamente como una empresa de servicios. Pero esa es otra cuestión que no cabe insertar hoy y aquí, pero no la olvidemos.
