Se buscan bomberos (jugadores)

Por el humo se sabe dónde está el fuego y, por desgracia,  Son Moix desprende humaredas negras como las de la chimenea del Vaticano en cónclave de cardenales. Quien juega con fuego acaba quemándose y mientras Pablo Ortells atiza la llama a solo 48 horas del cierre de mercado, sus jefes directos, Alfonso Díaz y el presidente Kohlberg, intentan apagarla con una fiesta de efecto regadera para macetas, sin bomberos al mando.

A la espera de la rueda de prensa de Arrasate, previa al partido del lunes, día de mal fario, la pira se aviva con las victorias del Alavés en Cornellá y hasta la segunda del Oviedo en su feudo ante el Girona en el momento de redactar este blog. Pero si siempre haces las mismas cosas es imposible que nada cambie y la forma y el fondo de todo lo que se cuece desde Arizona al Camí dels Reis en Palma permanece invariable desde hace diez años. Lo sabe Monty Galmés, por eso dimitió, lo saben los doscientos asistentes a la triunfalista convocatoria de la pasada semana y lo saben los miles de espectadores que acuden al estadio en mayor o menor medida cada jornada tanto como los  seguidores silenciosos, seguramente más numerosos.

Ya advertíamos que el Mallorca ha cedido la ventaja de depender de si mismo, se obliga a sumar de tres en tres, pero siempre necesita el tropiezo de los equipos que le preceden. Se dobla la presión aunque Jagoba declara en Onda Cero que «conozco las teclas que hay que tocar». Menos mal, porque tarda demasiado en pulsarlas. En este club todo es lento, como las agonías que se multiplican en el corazón de una afición desilusionada.