Selección venida a menos

No sé si ocurre en todas partes debido al uso y abuso que la FIFA y la UEFA hacen de las selecciones nacionales en perjuicio del sobrecargado calendario doméstico e internacional, pero se percibe un claro retroceso aquí con la de España, incapaz de llenar un estadio en Sevilla, el del Betis en este caso, sede favorita debido precisamente al incansable apoyo de un público tal vez saturado, quizás desencantado o sencillamente desconfiado.

Somos conscientes de que la afición de cualquier equipo crece con los resultados, una ley de la que no quedan exentos ni siquiera los clubs más grandes. No cabe duda de que los perdedores tienen menos seguidores incluso por televisión. Todavía no es el caso de la Roja, como la llaman, si bien la constante sospecha que afecta a la Federación Española y su presidente, Luis Rubiales y el carácter hosco de Luis Enrique no contribuyen a participar de una idea colectiva que desapareció después de Luis Aragonés, su máximo valedor, cuya herencia mantuvo Vicente Del Bosque.

Aquel grupo, que bien pudo responder al lema del todo en uno y todos a una, se ha deshilachado como una madeja de lana entre las pequeñas garras de un gato. El equipo forjado por los dos técnicos aludidos, el de Hortaleza y el salmantino, ha vuelto a su posición inicial: un combinado más o menos representativo. Ha perdido el carácter que le imprimieron, un estilo propio y reconocible ahora sin personalidad.

Como descabello ese mundial de Qatar que paraliza las grandes ligas durante más de un mes, la prueba más fehaciente de que, al contrario de lo que asegura Piqué, comercio y fútbol no son divergentes, sino hermanos gemelos.