Si la cosa funciona
El tinglado que tienen armado la FIFA y la UEFA con las selecciones no es más que un abuso perpetrado con alevosía pero sin nocturnidad, a plena luz del día.
El atraco se inicia con la obligación impuesta a los futbolistas de tener que ir con sus selecciones, no hacerlo implica renunciar en su propio país para no ser convocados, pero si la federación afectada lo incluye no se puede negar. Más claro, blanco y en botella: usted, sociedad anónima o no, paga una millonada por un jugador de calidad suficiente para ser internacional, y lo pone a jugar un tercero que, solo en el caso de una lesión sufrida en ese partido, le pagará una indemnización que no resarce a nadie del coste de la baja. Eso incluye encuentros amistosos. Ese compromiso sobrecarga la capacidad física del profesional con no menos de una decena de citas por temporada en un calendario ya de por si saturado.
Si pretenden recuperar el resuello, olvídense. Mr. Infantino, «mandamás» mundial de la cosa, ya sondea la imposición de celebrar un mundial cada dos años en lugar de cada cuatro, el afán de recaudación no tiene límites. Recuerden que la misma Federación que se opuso a la celebración de un partido de liga del Barça en Miami, se ha apresurado a ampliar el número de competidores de su Supercopa en plaza y tiempo a su conveniencia. La Española, por supuesto.
El fondo de inversión CVC, ese del crédito a devolver en 40 años por la Liga de Fútbol Profesional ya ha recomendado a los clubs españoles la explotación de sus recursos comerciales mediante la contratación de jugadores procedentes de mercados emergentes, Asia fundamentalmente. Por si tuercen el gesto, le han recordado a Javier Tebas que la Premier y la Bundesliga facturan más que la Liga Santander por dicho concepto. Y yo me pregunto: ¿no será que el espectáculo que ofrecen es mejor y consiguen mayores audiencias al margen de los porcentajes inter raciales de sus plantillas?