Sobre violencia en el fútbol

Ahora que la Federación Balear de Fútbol ha tenido la feliz idea de convocar un symposium para debatir sobre la violencia en el fútbol, permitan que, aun a riesgo de interesar a menos lectores de los habituales, haga un paréntesis en las referencias cotidianas al fútbol profesional para celebrar la feliz coincidencia del evento con el décimo aniversario, si mis cuentas no fallan, de la Santa Ponsa Cup que recibe en los próximos días vacacionales de la Semana Santa a casi un centenar de equipos de las categorías sub 14, sub 12 y sub 10. Nada que envidar a la cita de cadetes de la Escuela de Brunete a pesar de su más larga historia.

Tal vez un tema de tanta trascendencia podría contar con la participación de un elenco mayor en cantidad yde mejor perfil, sin que ello signifique en absoluto menospreciar ni a ponentes, ni a contertulios o panelistas. Como ocurre en este mismo deporte en cuestión, cada uno confeccionaría un equipo parcialmente distinto, pero la iniciativa abre unas expectativas que, sin grandes ambiciones al respecto, constituye una llamada de atención que, por poco que suene, invita a despertar conciencias.

He utilizado al torneo que se celebra cada año en Calviá, inspirado por el ex futbolista Tomás Gibert, debido a la ejemplaridad de su organización y  el menos registro de incidentes dentro y fuera de los recintos deportivos de Santa Ponsa, Peguera y Son Caliu donde compiten y conviven chavales, técnicos, directivos, árbitros y padres llegados de toda España y Europa en un ambiente que ya quisiéramos ver en competiciones locales, regionales, nacionales o continentales cuyo espejo es mejor no mirar.

Más allá de la tensión creciente dentro de la sociedad en proporción inversa a la educación y el conocimiento que promueven sus dirigentes políticos cada vez menos ejemplares, los brotes violentos que sacuden los cimientos de este bello deporte surgen de la escasa formación y cultura que se imparte y trasciende en las ansias vivas de lo padres, primeras víctimas del fracaso de los planes formativos y del mismísimo fútbol profesional, cuyas actuaciones glorificadas, cuando no glosadas, desde la televisión y otros medios, sonrojarían hasta al papá del No-Do, aquel furibundo hincha que se mostraba rojo de ira y alimentado de odio en aquellos informativos en blanco y negro proyectados en los cines españoles a mediados del siglo pasado.