Son Bibiloni, ni fábrica ni proyecto
Luis Rubiales, ex presidente de la Federación Española de Fútbol que aseguró «no dimitir» y lo hizo al día siguiente como cualquier entrenador o directivo que se precie, decidió sustituir el nombre de la categoría Regional Preferente, por Tercera Federación sin lograr que la seda disfrace a la mona. En esta competición milita el Mallorca B que comparte liderato con el Manacor y acaba de empatar en el campo del colista Es Rotlet, del Molinar tras desperdiciar una ventaja de 0-2, una imitación literal de lo habitual en el primer equipo. Como debe ser.
El trote cansino de los chicos a cargo de Gustavo Siviero, penitente más allá de la vigente Semana Santa, desnuda lo que el accionista principal del club, Andy Kohlberg, intenta presentar como un proyecto a otros diez años vista, dios no lo quiera. Una cosa es segura, el equipo madre y el filial no coincidirán en la misma competición como sucedió con el Real Madrid y el Castilla en una final de Copa.
El concepto que el tenista americano y sus generales, Díaz y Ortells, tienen de la cantera se ciñe al que define el diccionario de la RAE: «lugar de donde se extrae piedra para la construcción». De ahí las reformas del estadio municipal de Son Moix financiadas por el fondo británico CVC a cambio del porcentaje sobre los ingresos por derechos audiovisuales asignado por la LFP a los clubs adheridos.
La trayectoria de las jóvenes «promesas» que emergen la improductiva fábrica de Son Bibiloni se muere en las cesiones no más fructíferas de los Jan Salas, Dani Luna o Marc Domenech, junto a las convocatorias ocasionales de Olaizola, Salhi, Sandro y demás colegas para hacer bulto. El cénit de la producción lo encarnan Leo Román y David López.
Atlético Baleares, Poblense, Ibiza UD, Andratx y Porerres, con mucho menos presupuesto, o no, superan a la factoría de la carretera de Bunyola. Con los rivales del Manacor tal vez Rafa Nadal, «del Madrid y del Mallorca», puede echar una mano.

