Son personas
Una vez más la afición ha tenido más educación y señorío que el propio club. Hay que tener mucho rostro para sentarse a escuchar el dolor con nombre y apellidos de Salva Sevilla, la decepción se llama Alfonso Diaz y Pablo Ortells, impasibles dando la cara ante la ausencia, la habitual, la de siempre, de un solo miembro del consejo de administración. Por supuesto que ni el presidenti Kohlberg ni mucho menos el primer accionista, Robert Sarver se dignaron despedirse personalmente de dos emblemas del mallorquinismo como han sido tanto Reina como el almeriense, dos andaluces de casta.
Asistieron algunos jugadores, no todos. Abdón, cómo no y Dani Rodríguez, que no pudieron retener las lágrimas. Oliván más sereno. Un detalle el suyo, sin duda, ya que dentro de unos meses formará como rival, que no enemigo. Y es que las emociones, que corrieron por una grada repleta de público, éxito de convocatoria, expresan por si solas lo que en ocasiones, nosotros por delante, queremos olvidar: son personas. Lo son cuando salen de noche tras una derrota, cuando encajan un gol o lo dejan de marcar y, sobre todo, lo son en cada momento que salen de la ducha tras el partido o el entrenamiento para volver a casa.
A los hombres y mujeres de este planeta se les conoce por lo que hacen, ni por su cara, ni por su vestido, ni por su estatura o complexión. Por sus obras, si. Las de Manuel Reina Rodríguez y Salvador Sevilla López quedaron sembradas bajo el césped de Son Moix.

