Una manera de ser

Michel Platini, inolvidable futbolista que triunfó en el Saint-Etienne, se consagró en la Juventus y fue el verdugo de España en la final de la Eurocopa de 1984, subió a la oficina al abandonar el terreno de juego y presidió la UEFA durante 8 años, del 2007 al 2015, en los que destruyó su propio mito. Al contrario de lo que opinaba Johan Cruijf, otra leyenda, al afirmar que los directivos de cualquier club deberían haber sido antes jugadores, el internacional galo, que ha cumplido 70 años, invitó a la reflexión: «Los equipos de fútbol son una manera de ser».

El Real Madrid lo fue hasta esta última etapa, bajo el ego de Florentino Pérez, y Jan Laporta ha encerrado en el baúl de los recuerdos que el Barça era más que un club. Tal vez ambas cosas han influido en los problemas que, poderío aparte, atraviesan ambas entidades, que funcionan como sociedades anónimas negándose, por ahora, a convertirse en una más de ellas. El Athletic, el Osasuna, igual que otros han logrado preservar su identidad,  aquello que les define y caracteriza.

El día en que Luis Aragonés se presentó como entrenador del Mallorca le pregunté cuál era el problema de la Selección Española y no tardó un segundo en responder: «su falta de personalidad». «Todo el mundo sabe, prosiguió, cómo juega Brasil o cómo lo hacen Argentina, Italia, Holanda, Alemania o Inglaterra. España tiene que fabricar su sello».

Al hilo de tales pensamientos me he preguntado cuál es la manera de ser del Mallorca y no he hallado la respuesta. No hay ni siquiera un destello de mallorquinismo en la filosofía de la SAD, un rasgo que, evidentemente, no se plasma en la figura de Abdón,  la de Xisco Campos y menos aún en los vídeos institucionales o el roce con eventos tradicionales o, casi siempre, populistas.

Me atrevo a decir que el objetivo de estabilidad al que aspira el presidente Kohlberg como argumento de venta más que de asentamiento, no pasa únicamente por los resultados, jueces implacables, sino que estos también dependen de reconocer cuál es esa personalidad tan indeleble en el campo, como en el quehacer cotidiano más allá del escudo, la bandera y los colores.