¡Virgili, quédate!

Si a Alfonso Díaz los pitos y las pancartas le entran y salen por el mismo sitio que a su presidente Andy Kohlberg, es decir por uno y otro oido, Pablo Ortells no debería engañarse por el resultado del Trofeo Ciudad de Palma entre el Mallorca y un contrincante bajo las siglas del PSG. Diría exactamente lo mismo si el marcador hubiera reflejado el signo contrario.

Se dan situaciones en las que lo que no se ve dice más que aquello que hemos observado; por ejemplo que en lo que se presume sería la alineación en mente de Luis García Fernández solo caben dos jugadores distintos a los de la temporada pasada: el portero y el delantero centro. Si convertimos la oración por pasiva los cinco refuerzos restantes completan la plantilla, pero no mejoran su nivel.

No nos ha quedado claro si el suplente de Arnau Tenas será Bergstrom o Cuéllar, pero en cambio detectamos que David López es el cuarto defensa central por detrás de Soumahoro, que Mateu repetirá curso con Calatayud por delante y que Marc Doménech apunta a cesión por poco que llegue otro delantero, destino en el se le ha adelantado el joven Olaizola colocado por el traidor Demichelis en la extraña rampa de despegue en cuya sala de espera aguarda Orejuela. La fábrica de Son Bibiloni tampoco eleva la calidad de su producto. Veremos si Pep Lluis Martí lo consigue.

Puestos a hacer quinielas sobre papel mojado, aunque ahora ya las hay en mododo digital, el sparring del próximo sábado, el recién acendido Eversberg, será más exigente. Y hablando de exigencias, una de ellas, más fichajes aparte, dicta el ruego de la continuidad de Jan Virgili- ¡quédate; te rogamos, oyénos-  al que, el felón de referencia que vino a ganar y no a agradar, pretendía «educar» en defensa antes que potenciar sus condiciones de extremo. Bajar al joven catalán para adelantar al veterano Mojica siempre fue una mala idea. La categoría vigente lo explica con meridiana claridad, aunque no fuera causa única del desastre cuyo camino de redención y expiación se abre en ocho días.