Cada cosa en su sitio

La historia difiere según la cuenten los vencedores o los vencidos. Habrá que creer la que reseñan aquellos que no fueron ni una cosa, ni la otra, sino las víctimas de ambos bandos.

Debido a intereses relacionados con el control de los derechos de las emisoras de televisión, Antonio Asensio Pizarro, principal accionista de Antena 3, rescató al Mallorca de su profunda crisis social y deportiva al adquirir las acciones de la SAD en propiedad del grupo que lideraba el doctor Miguel Dalmau, de cuyos ejecutivos había sobrevivido Mateu Alemany, gerente contratado por Miquel Contestí bajo la supervisión de su asesor fiscal, Guillem Coll.

La idea inicial del empresario catalán para dotar al club de identidad nativa, fue la de convencer al conseller de Turismo, Jaume Cladera, de reconocido prestigio en el sector, independiente políticamente hablando y muy aficionado al fútbol, para que asumiera la presidencia y formara a su propio equipo de colaboradores. En el intervalo de las reticencias que este planteara, se entrometió el doctor Bartolomé Beltrán, médico titular de la cadena, quien persuadió al dueño de su idoneidad para el cargo.

Para entonces la dirección deportiva cargo de Pep Bonet, estaba gestionando el fichaje como entrenador del ex jugador del Sporting y el Real Madrid, Antonio Maceda, pero Asensio decidió confiar dicha gestión a la empresa Bahía Producciones a cargo de Joaquín Domingo Martorell, uno de sus colaboradores más directos. Y esta fue la agencia que impuso la contratación de Héctor Cúper, técnico de Lanús y completamente desconocido en Europa, cuyas únicas referencias consistían en su adusto carácter y férrea disciplina.

De sus consejos llegaron Roa, Siviero, Ibagaza, Mena y otros futbolistas argentinos con menos fortuna o adaptación, el «Chupa» López o el «Polo» Quinteros.

Ascendido a la dirección general, con Guillermo Reynés en funciones de representación institucional y cesado el doctor Beltrán, la gestión deportiva fue paulatinamente derivada hacia el equipo que inició Bonet y continuó Nando Pons, que ya estaba en el club como entrenador del filial y sustituto provisional de Jaume Bauzá en el primer equipo, en la era Dalmau.

Mateu Alemany supervisó la viabilidad económica de los fichajes, opinó puntualmente sobre algunos de ellos, pero nunca interfirió ni participó de ellos. Ni siquiera en al desembarco de Luis Aragonés, pero esa parte de la historia, si acaso, continuará en sucesivas entregas.