A CUAL PEOR (0-0 en el Carlos Tartiere)
El Real Oviedo y el Mallorca rivalizaron en desaciertos, sobre todo en busca de un gol siempre lejano cuando se genera tan poco fútbol y se frustran las escasas oportunidades que se presentan. La tuvo Virgili en la primera mitad en dos ocasiones, difícil la primera con buena intervención de Aarón y sencilla la segunda rematada a las manos del susodicho cancerbero local. Bergstrom, el mejor, evitó la derrota en un balón que le cayó a Nacho Vidal a un metro de la línea de meta, además de dos pases que se pasaron muy cerca sin hallar rematador ni zaguero.
ALINEACIONES:
R.Oviedo.- Aarón (2), Nacho Vidal (1), David Costas (1), Carmo (2), Rahim (1), Dendocker (1), Colombatto (1), Viñas (1), Cazorla (1), Ylyas (2) y Rondón (0).
Minuto 65, Hassan (2) por Ylias. Minuto 82, Fores (-) por Rondón y Ejaria (-) por Dendocker. Minuto 91, Reina (-) por Colombatto.
R.Mallorca .- Bergstrom (2), Maffeo (0), Valjent (1), Raillo (2), Mojica (0), Samu (1), Mascarell (1), Joseph (0), Sergi Darder (1), Virgili (1), Muriqi (0).
Minuto 75, Morlanes (1) por Sergi Darder y Asano (1) por Virgili. Minuto 88, P.Torre (-) por Samu. Minuto 90, Llabrés (-) por Joseph.
ARBITRO:
Iosu Galech Apezteguía (2), de Pamplona. Solo un lunar al no medir con la misma tarjeta, amarilla para Samu por falta sin atender al balón y sin amonestación para Dendocker por hacer lo mismo sobre Mojica. Aunque advertidas por Del Cerro Grande desde el VAR, tarjetas rojas más que claras a Cazorla (Minuto 88) y Viñas (Minuto 92) por entradas a los tobillos de Muriqi y Asano respectivamente. Una actuación muy seria y en general correcta. Pitó 12 faltas a favor de los carbayones y 17 de los mallorquines.
El Oviedo botó 8 saques de esquina por 6 el Mallorca
CANDIDATO Y ASPIRANTE
La ausencia de goles y la carencia absoluta de los fundamentos básicos de lo que debería ser considerado un fútbol digno de primera división, definen la batalla entre un serio candidato al descenso, el Real Oviedo, y un claro aspirante a comprar el mismo billete, el Mallorca. El primero, más explosivo, rondó algunas veces más las cercanías del gigante Bergstrom, si bien de forma desordenada y más guiada por la necesidad de victoria que por alimentarla con sentido común y cierta calidad. El visitante, ni querer y sin poder.
La moraleja del esperpento destinado a hacernos perder el tiempo y la cena un viernes cualquiera viene a cuento del equívoco discurso de Jagoba Arrasate, el técnico bermellón, empeñado en hacernos creer que su equipo mejora día a día cuando no se encuentra más que estancado sin que se vislumbre un cambio imprescindible. Empezando por el joven Virgili, empeñado en jugar en solitario y solo en su beneficio por rápido y hábil que sea durante la mitad de cada partido, el resto de sus compañeros hacen su propia guerra bailando sobre si mismos con la pelota en los piés, enredados cual cuerda en una peonza sin mirar a su alrededor para encontrar una línea de pase o el desmarque inútil de un compañero. Unos juegan andando y otros no hacen sino recriminar el error o el despiste de los demás.
Se han cumplido 15 jornadas cuya crónica podría repetirse sin cambiar una coma. Apurada la capacidad para producir fútbol, solo queda el recurso del pelotazo a la cabeza de Muriqi tan útil dentro del área como inservible fuera de ella. El entrenador se quejaba después del partido de Copa en Soria de haber perdido el control. Tres días después en el Principado de Asturias, no lo perdió porque nunca lo tuvo ni siquiera ante un colista irredento que ha empeorado con su cambio de entrenador y terminó nueve hombres sobre el campo aunque, para disgusto de su enemigo, las expulsiones llegaron sin tiempo para aprovecharlas. Igual ni con eso.
El Mallorca ha arrancado un empate de esos que Luis Aragonés decía que «no sirven para nada», ha vuelto a quedar en evidencia y en términos escolares no progresa adecuadamente sino que va de insuficiente en insuficiente.
