A enemigo que huye…….

El felón ya se ha marchado. Nunca debió haber venido, total no ha servido para nada, pero ese cuento ya se lo hemos contado. Al menos ha servido para descubrir lo que había detrás de una falsa sonrisa, aunque ya lo hubiéramos hecho solo minutos después del partido disputado en Elche. La lectura positiva, eso que nunca he comprendido en qué consiste, del descenso es que, de no haberse consumado, habríamos tenido al traidor en casa, otro, un atenuante en la pésima gestión del asunto a cargo de Pablo Ortells.

Le ha sustituido Luis García, un viejo conocido, que jugó en Son Moix en la temporada 2004-05 a las órdenes de Benito Floro, ocho jornadas, Tomeu Llompar, un partido y, finalmente Héctor Cúper. Aquel equipo que salvó la categoría al empatar en Son Moix frente al Betis con un gol del «Guille» Pereira. Se alineó en todos los partidos de liga menos uno y ser erigió como el máximo goleador entreb sus compañeros con la no despreciable cifra de once dianas. Esta cifra llamó la atención del Espanyo, que pagó por su traspaso casi 3 millones de la época, y allí permaneció seis años.

En fin, dejemos el historial a los historiadores o, mejor dicho, a los archiveros. Uno es muy malo para guardar datos y, en definitiva, tampoco importan demasiado porque el entrenador que aterriza no tiene nada que ver con el futbolista que colgó las botas hace tan solo siete campañas. Su carrera con los borceguies calzados fue más brillante que su corta experiencia en los banquillos que, precisamente por su duración, queda pendiente de evaluación.

La cuestión no radica en su ser o no ser, cual clamaba Shakespeare por boca del espíritu del rey de Dinamarca, sino en la plantilla que la dirección deportiva pondrá a su servicio y hasta qué punto influirá en su planificación. Este es el quid porque el peligro, cuando no el desastre de este club, se genera a partir de la incapacidad e indolencia de todo lo que le es extraño al vestuario, tiene nombres y apellidos y no son los de ningún técnico ni jugador.