A entrenador por año
Por si el dato les resulta de interés durante los 66 años transcurridos desde su primer ascenso a primera división, que podemos considerar el punto de partida del Mallorca como club profesional, han sido 60 los entrenadores que han estado al frente del equipo. Si descontamos las 5 temporadas consecutivas de Gregorio Manzano entre el 2005 y el 2010, la media nos sale a uno cada doce meses. Con el de Jaén solamente otros cuatro han superado tres ejercicios completos: Juan Carlos Lorenzo, fichado un año antes de la fecha de referencia, Joancho Forneris, Antonio Oviedo y Llorenç Serra Ferrer. Todos ellos también prestaron sus servicios en campañas discontínuas además de las computadas.
El promedio señalado invita a una reflexión pausada. Recuerdo que Luis Aragonés se refirió en una de sus comparecencias ante la prensa, a las dificultades que plantea consolidar un proyecto sobre el perfil de un diente de sierra como los registrados en los anales mallorquinistas, plagado de altas montañas y profundos valles como señala el título de la famosa canción original de Ike & Tina Turner publicada en 1966 «River deep, mountain high», aunque hable de ríos en lugar de vaguadas.
Ni siquiera en las etapas de mayor estabilidad el equipo dejó de lado tales altos y bajos. Los doce años de Miquel Contestí, el presidente más longevo, no se libraron de los movimientos del ascensor imaginario. Por el contrario a lo largo del período más largo de permanencia en la élite del fútbol español, aguantó hasta cuatro propietarios, presidentes aparte, debido a la reconversión del club en sociedad anónima deportiva. Podría parecer un contrasentido.
Curiosamente los últimos diez años bajo el sostén de una misma propiedad, la Liga ACQ Partners, tampoco escapan a la estadística. Otros tantos técnicos desde Pepe Gálvez hasta Martín Demichelis.
La continuidad de Simeone en el Atlético de Madrid es la excepción que confirma la regla de la que el Mallorca, club SAD, no se libra. No es el único. Sin embargo la solidez de un equipo corre en paralelo a la realidad de un proyecto hasta alcanzar el equlibrio social y económico que trasciende los vaivenes de los resultados y resulta imposible en medio de oleaje tan constante.
