Adios al masajista

Espero que nadie se ofenda pero, para mi, Jaume Pedrós fue el último masajista del Mallorca. Tal cual, aunque ahora se llamen «fisios». Sucedió a Juanito, Juan Pons, en una época en la que había que hacer de todo, además de untar de linimento las piernas de los futbolistas. Eran a la vez recoge pelotas, cuidadores de material, enfermeros y, si me apuran, un poco médicos.

Se estrenó a finales de los 60’s. Sin no recuerdo mal en la campaña 69-70, en aquella primera división de 16 equipos, entre los que el Mallorca quedó penúltimo y descendió. Esto quiere decir que Pedrós, que se mantuvo en el club hasta el 2001, conoció a no pocos presidentes y otros tantos entrenadores.  Pasó por todas las categorías  años hasta sus 65 en que se jubiló. Al poco tiempo de dejarlo se trasladó a vivir al pueblo de Felanitx, dosde donde se desplazaba a Son Moix para asistir a los partidos como un espectador más. Nos ha dejado a los 86 años.

Pero este no es un blog informativo, sino personal y de opinión, así que le rendiré mi homenaje particular con una anécdota que presencié en Puerto de Sagunto. Corría la temporada 1976-77, un año antes de que la Federación Española creara la Segunda B. En Tercera militaban rivales de Cataluña, Aragón y Valencia, además del Atlético Baleares, Constancia y Poblense.

Aquel día, con Luis Costa de entrenador, tocaba visita al Acero. Pese a salir como víctima el anfitrión salió envalentonado y dominaba el partido con gran tesón. Poco antes del descanso se iba a sacar desde una esquina sobre la portería balear que, en un remate de cabeza del número 4, sobre cuya subida se había avisado a voz en grito desde la banda, marcaron los valencianos. Ramón Guitart, un árbitro catalán que años más tarde abandonaría el arbitraje, anuló el tanto por falta previa, en cuyo instante saltó al terreno de juego un espectador paraguas en ristre y asestó tal golpe al colegiado que quedó inerte sobre el césped. Pedrós acudió raudo para prestarle auxilio en medio de un monumental tangana entre jugadores y público. Logró reanimar a aquel hombre que, al abrir los ojos y ver encima de él a un señor que le estaba dando palmadas en la cara, evidentemente con agua fría y al objeto de reanimarle, se desmayó del todo. Hubo que trasladarle al vestuario y ya recuperado ordenó la suspensión del encuentro.

Ante el anuncio oficial se recrudeció la violencia y lo pasamos francamente mal. Los jugadores tuvieron que permanecer encerrados en su caseta, donde nos acogieron también a algunos periodistas y no pudimos salir de allí hasta pasadas las ocho de la tarde, custodiados por la Guardia Civil y porque los aficionados locales habían abandonado las instalaciones para regresar a sus hogares. Había partido televisado.

El Comité de Competición clausuró el recinto rojiblanco y ordenó la reanudación del partido en Valencia, en el campo del Levante, donde el Mallorca terminó ganando 2-0, ambos obra de Manolito.

Descanse en paz Jaume Pedrós, el masajista.