¡Al jefe, ni caso!

Ninguna sorpresa. Ya escribí en la víspera que González Fuertes es un mal árbitro, de esos que ascienden a través de los intrincados y escabrosos caminos del Comité y cumple su sexta campaña en Primera pese a ser reconocido en la clasificación del Trofeo Guruceta como el peor de la última liga. No hubiera levantado tanta polémica de no haber interpretado, esta es la palabra exacta, como penalti el choque entre Battaglia y Fekir que dio el triunfo al Betis en Son Moix. Por lo demás el hecho de haber mostrado la friolera de 13 tarjetas amarillas dice muy poco a su favor.

Pero hay aficionados que se preguntan por la inhibición del VAR en dicha acción que no es tal, pues no se trata de una mano o una posición de fuera de juego, sino la apreciación del árbitro de campo que siempre impera sobre la del asistente de vídeo que no tiene capacidad para analizar las intenciones, sino los hechos. Fue una errónea decisión del asturiano que no tenía por qué consultar la pantalla, donde habría visto exactamente lo mismo. En la primera jornada Del Cerro Grande sancionó de la misma manera al Sevilla en Pamplona, certificando el posterior triunfo de Osasuna pese a las protestas de todo el sevillismo, cuyo presidente ha sido sancionado.

Sin embargo estas actuaciones, además de otras en las que han menudeado los avisos desde la cabina del VAR, inducen a pensar que el nombramiento del andaluz Medina Cantalejo como presidente del colectivo no ha sido muy del agrado de sus acólitos. No siguen ni una de las normas que se anunciaron en rueda de prensa, se siguen pitando o inventando «penaltitos», el del sábado en Palma no fue ni eso, y no se han reducido las intervenciones desde la pantalla. El problema va más lejos que todo eso y comienza en la desconfianza entre ellos mismos, la discriminización en sus puntuaciones, las desconocidas y extrañas decisiones por las que se determina sus ascensos y descensos, la selección de los internacionales. Colean las dimisiones de Pérez Lasa, Llonch Andreu y algunos más que salieron dando un portazo y nadie explica las maniobras por las que hay árbitros que pitan por circunscripciones ajenas a sus lugares de nacimiento o residencia. Y no hace falta dar nombres.

Pitar bien o mal una jugada es lo de menos, perjudicados aparte. También la superficie de la mar parece en calma aunque haya fuertes corrientes de fondo.