¡Alarma en el fútbol europeo!
Los incidentes graves en campos de fútbol dan para más de un libro y se remontan, con mayor o menor frecuencia, a más de medio siglo hacia atrás. Una lacra que, en parte, se ha trasladado desde las gradas, más vigiladas tecnológicamente, a las calles adyacentes a los estadios, donde las batallas entre seguidores de los equipos contendientes aumentan jornada a jornada.
Hace poco los seguidores del Sevilla desplazados a Palma participaron en una seria trifulca en el exterior de Son Moix. En según qué ciudades y zonas, ir al fútbol ha dejado de ser un entretenimiento seguro. En sus primeros años en Mallorca recuerdo que Héctor Cúper me comentó: «tengan cuidado con este tipo de sucesos. Nosotros, en Argentina, comenzamos sin darles importancia y terminamos con los «Barras Bravas».
Los medios de comunicación tienen mucho que hacer y decir al respecto. Los textos fanáticos emanados desde las mesas de algunas redacciones para verter duras críticas sobre actuaciones arbitrales no siempre desacertadas y la pasividad rayana en la simpatía, con la que se juzgan actitudes de jugadores «amigos» o de los del «enemigo», contribuyen a justificar de algún modo posteriores ademanes violentos.
Un caldo de cultivo para problemas mayores toda vez que en Italia acaba de ser detenido el cabecilla de uno de los grupos de ultras del Inter, un individuo con 10 condenas por delitos de distinta consideración que ha cumplido 3 decenas en la cárcel. En torno a determinados grupos de «seguidores» de distintos equipos, han surgido verdaderos mercadillos dedicados al narcotráfico y un creciente negocio basado en la reventa de entradas y de pases de parking que ha despertado el interés de bandas organizadas y la propia mafia. O mafias.
Acordémonos de la profecía de Cúper antes de que sea demasiado tarde, si es que ya no lo es.

