Blancanieves y los siete enanitos
Barça aparte, no debe ser casualidad el hecho de que los siete equipos de primera división que han cambiado de entrenador ocupen precisamente las siete últimas posiciones de la clasificación. Tampoco me parece fortuito que los tres colistas, los que ahora mismo descenderían, sean los que han cesado no a uno, sino a dos técnicos. Si prescindir de uno no garantiza una mejoría, ir más lejos si que representa comprar billete para empeorar.
Si tener que tomar esta medida a veces supone imputar al cesante lo que casi siempre es producto de una mala planificación, ya sea por cuestiones económicas o estrictamente deportivas, o sea, por falta de conocimientos, me pregunto porqué siempre pagan el plato roto los inquilinos del banquillo y no los directores deportivos puesto que llegados a tal extremo resultaría evidente que fallaron en la selección de la plantilla o en la elección de su preparador. Siendo mal pensados llegaríamos a concluir que, en orden piramidal, deberían dimitir algunos presidentes.
La decisión fatal ha cuajado en Elche y Getafe, cuya reacción valora tanto el trabajo de Quique Sánchez Flores como ridiculiza el de Michel. La sombra de la duda planea sobre el Cádiz y el Mallorca que probablemente actuaron algo tarde. Pero sea cual sea su sprint final de cuatro jornadas, los pecados del Levante, Alavés y Granada merecen su castigo. En el Ciudad de Valencia metieron la pata al prescindir de Paco López, en Mendizorroza compiten con una plantilla menos que justa para la categoría y en la falda de la Alhambra fallaron tanto con el primero como con su sustituto y el sábado, en Son Moix, gana una vida, no la permanencia segura, o no lo saca ni el rey Boabdil reencarnado.
Como si la Primera fuera Blancanieves y solo cuatro de los siete enanitos se comerán la manzana sana.
