Buenos y malos ejemplos

Además del Real Madrid, el Barça, el Athletic y el Osasuna quedan dos clubs en primera división que aun siendo sociedades anónimas deportivas pertenecen a sus socios: el Betis y la Real Sociedad. En el caso de los andaluces los mayores accionistas no poseen más del diez por ciento de los títulos los estatutos txuriurdin no permiten que nadie posea más de un dos por ciento. Un dato que explica por qué Anoeta, ahora Reale Arena, alberga el mayor porcentaje de socios en relación a los habitantes por provincia. Sin duda dos ejemplos a imitar.

No es el caso de los catorce competidores restantes. Sevilla y Villarreal se encuentran en manos de empresarios españoles, igual que el Levante, el Rayo Vallecano, Getafe y el Cádiz. Otros como el Español, Granada, Mallorca, Valencia, Celta y Elche son de mayorías foráneas. Las propiedades del Atlético de Madrid y el Alavés están muy repartidas, en el caso de estos últimos ostentadas por el Grupo Baskonia participado a su vez por sociedades de distintos países, algunas del este de Europa.

Todo esto viene a cuento de lo que les contaba ayer en tanto en cuanto Ancelotti atribuía el éxito de su equipo al madridismo latente en sus jugadores. Aunque la modernidad vaya por otros caminos, no he dejado de pensar que sin sentimiento el fútbol pierde no solamente gran parte de su encanto, interés y espectáculo y estoy firmemente convencido de que proseguirá su declive imparable en tanto en cuanto cada uno de los clubs represente solo a sus dueños y no a la comunidad, ciudad o población que le dio vida y sentido.