Crónica de un descenso anunciado (III)

El presidente de la hotelera THB, Francisco Miralles, me invitó hace años a un desayuno en un hotel de la cadena Barceló entre Santa Ponça y Peguera tras el cual pronunciaba una charla el empresario Jaume Roures. No es que crea que el avalista de Jan Laporta para regresar al Barça constituye un ejemplo a imitar, pero en el turno de preguntas requerí su opinión acerca de si un club de fútbol es o no negocio. La respuesta fue escueta «si está bien llevado, si».

De ello se desprende que Andy Kohlberg, que tuvo que adquirir las acciones de Robert Sarver en junio del 2023, preside un mal negocio puesto que ha cerrado con pérdidas  de 7’8 y 9’9 millones de euros los dos ejercicios con mando en plaza. Su predecesor le había dejado el club con un último balance positivo de 6’4 «kilos» y nunca sabremos en que año se imputaron los ingresos por el traspaso de Kang in Lee.

Según las informaciones de la época, Maheta Molango fue despedido debido a su deficiente política económica y mala política de fichajes. De aplicarse los mismos criterios el contable de Sarver y ahora principal accionista del club, debería cesar al CEO, Alfonso Díaz, por los resultados negativos en las cuentas del 2024 y 2025, además de a Pablo Ortells, cola de león en el Villarreal que prefirió ser cabeza de ratón en Son Moix, en función de la pésima campaña del equipo plasmada en su clasificación y los mercados de verano y enero. Si no lo hace, asume la responsabilidad de ambos fracasos.

Fue él quien confió en ellos como primerisimos ejecutivos. Fue él quien el pasado mes de marzo en el transcurso de una fiesta improcedente en la que concedió mayor tracendencia a una década sin proyecto que a los 110 años de historia de la entidad adquirida a golpe de talonario, alabó el trabajo de sus generales, colocó dos velitas con un «10», no con un 110″, bajo la promesa de iniciar un nuevo período de dos lustros que, carambola aparte, se iniciará en segunda división, una suerte frecuente en las mesas de billar pese a las cuales, el tapete sigue siendo el mismo.

No ha sido el único festejo inoportuno. La permisividad cual hija de la ignorancia, ya había comenzado con el espectáculo de las caretas de Abdón para ridiculizar a Javier Aguirre, continuó con las reivindicaciones públicas de futbolistas de segunda fila (Leo Román, Antonio Sánchez, etc, etc) bajo el mandato de Jagoba Arrasate y tocó techo con el precipitado homenaje a Muriqi en plena competición desde el que, casualmente, ha bajado su tono en paralelo al del resto de la plantilla. Las fiestas pirata hace mucho que atraen público en los saraos de Magalluf.

Kohlberg y Díaz se mofaron en la revista especializada ESPN, de que en el fútbol español existieran los descensos. Este último, revestido de su guardia pretoriana disfrazada de departamento de comunicación, quiso presumir de haber pactado con la plantilla la renuncia a cualquier incentivo por asegurar la permanencia. Error de neófito. Será que en el sector del electrodoméstico no se pagan comisiones a los vendedores. Si lo cometes, al menos no lo digas.

Raíllo y Abdón, supervivientes del descenso del 2020, podrán atestiguar el ERE disimulado que terminó con mallorquines y mallorquinistas fuera del club entre los cuales figuraban José León y César Mota, de sentimientos nada dudosos y muy por encima de los bermellones a sueldo. Kohlberg tiene la oportunidad de volver a rebajar presupuestos, aunque ahora podría empezar a pasar la escoba por arriba en lugar de por abajo. Las promesas típicas y tópicas de la situación en la que se ha sumido al equipo y al club, ya no se las cree nadie.