Cuatro ascensos y un funeral (Capitulo 4 y último)

Y así llegamos al que, profesionalmente para mi, fue el cuarto ascenso del Mallorca a primera división. Venimos (ver capítulo 1) del funeral del descenso al averno, nada poético por cierto, de 1975 en Sevilla. También los hubo después, pero no es momento de recordarlos.

Ocurrió en Vallecas. En la víspera el Barça había ganado la Copa del Rey contra el Betis en el Santiago Bernabéu. El Rayo había perdido en Palma por la mínima, un gol de Barbero. Alguien había incendiado el ambiente en la Avenida del Payaso Fofó, sede del estadio franjirojo, por un artículo de Matías Vallés en Diario de Mallorca que equiparaba aquella populosa barriada con la del Pozo del Tio Raimundo.

El Dr. Beltrán, a la sazón presidente por delegación, había echado pocas jornadas antes a Víctor Muñoz como entrenador. Le sustituyeron Tomeu Llompart, título en mano y Pep Bonet, que ejercía como director deportivo. He de resaltar que, pese a las amenazas, el público se comportó maravillosamente. Al contrario de lo ocurrido en Sarriá ocho antes antes y en idénticas condiciones, cabina si acristalamiento y a pié de grada, los espectadores adyacentes solo tuvieron palabras y gestos de asentimiento y felicitación.

Y eso que el Rayo había igualada la eliminatoria con un gol de Klimowitz antes del descanso. El gol obtenido en Palma parecía poco hasta que poco antes de cumplirse una hora, Carlitos remató a las mallas un centro desde la izquierda de Stankovic. Y no, no ganó el Mallorca porque Cortijo estableció el 2-1 cerca del final, pero el tanto en campo ajeno sumaba el doble y aquella jugada entre extremo y delantero entró el libro de gestas que alguien debe guardar en Son Moix. O no.

El presidente sabía movilizar a las masas. Unos 10.000 espectadores habían seguido el partido por televisión en la Plaza de Toros. Pero, allá en Madrid, el doctor privatizó la fiesta. Reservó un salón del hotel donde alojaba el equipo, en la Avenida de América, y allí pronunció su arenga antes de abrir el baile con la entonces presidente del Consell Insular de Mallorca, María Antonia Munar. La verdad es que tanta restricción me privó de sentir emociones de antaño, pero el club estaría por algún tiempo «en buenas manos».